'Rompientes': monólogos frente al mar
2026-03-12 - 19:03
El escritor e ilustrador Paul Verrept reunió en ' Rompientes ' no solo dos textos ('Pleamar' y 'La huida') sino dos voces, dos miradas, dos perspectivas, dos versiones o, quizá, dos mundos. Los de una mujer y un hombre que viven en una casa de la playa, se aman y, cuando el mar empieza a dejar los cuerpos de los migrantes en la orilla, sienten cómo se resquebraja su amor. La mujer ve en esos seres, sobre todo en el de una criatura, cómo todo lo que ella era se derrumba, de ahí que se sienta interpelada, intente compartir su desamparo emocional con él y actuar. El hombre, sin embargo, no hace nada, prefiere ignorar lo que pasa en la costa, cerrar los ojos y seguir viviendo sin ningún sentimiento de culpa. Cuando es expulsado de la casa, se siente libre, sin ningún peso y sin ningún reproche que le señale y le acuse. Paul Verrept construye dos monólogos , dos narraciones y sin duda dos poemas sobre nuestra mirada y nuestro choque con la realidad: el monólogo de un shock y el monólogo de una indiferencia. Es decir, somete a estos dos personajes a una intemperie, a una doble pregunta: cuál debe ser nuestra relación con la historia, con los traumas de nuestro presente, y cuál es la naturaleza del amor. Si el amor es compartir una misma mirada, 'Rompientes' habla del desencuentro de mirar, de que mirar constituye una acción política que nos sitúa frente al drama humano, frente a los cataclismos sociales de nuestra época, y también sobre nuestras percepciones y reacciones ante lo que ya no es una noticia de un telediario sino la realidad. Con una escritura que va más allá de los géneros, con una potente imaginería, el gran esfuerzo de su puesta en escena resulta no solo convincente sino especialmente intenso. Lo mismo que ocurre con unas interpretaciones que convierten toda esta poesía en una experiencia escénica muy verdadera, con esas atmósferas musicales que sirven no solo para quitar estatismo sino sobre todo para acentuar el mensaje emocional. Y sobre todo para que ese mismo estilo que comparten ambos monólogos no resulte monótono y reiterativo. Estamos ante una obra tan lúcida como perturbadora , tan dolorosa como catártica. Teatro sin concesiones, sin debilidades en su mensaje y en su lenguaje. Con un interesante punto de vista sobre cómo reflejar ese drama de los cuerpos de los refugiados arrojados a nuestras playas.