Sánchez trata de aprovechar el choque con Trump para disputar banderas a izquierda y derecha: "Hay que ir a por todas"
2026-03-08 - 07:23
En el PSOE son conscientes de que el pulso con Donald Trump puede movilizar a su electorado, sobre todo al situado a la izquierda, y se han puesto manos a la obra para desplegar toda una estrategia que va al choque directo, de ahí la recuperación del lema 'No a la guerra' que marcó las movilizaciones de 2003. Los socialistas no dejan de buscar maneras de activar a unos votantes que en muchos casos les han dado la espalda, como han visto con los últimos batacazos electorales. Pero en el partido creen que la posición de España ante la escalada del conflicto en Oriente Medio puede ir más allá de ese perímetro y activar también a sectores de sus votantes más conservadores, sensibles tanto a la defensa de la soberanía nacional y al sentimiento patriótico. En Ferraz siguen de cerca estos movimientos en redes sociales, donde dicen haber detectado reacciones que les han sorprendido. Con ese escenario, en la dirección socialista hablan de "ir a por todas". Nada es casual en esta maniobra y todos los pasos están medidos. Tras los primeros ataques de la nueva escalada bélica, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, quiso reaccionar en contra del ataque de EEUU e Irán antes que el resto de sus socios, como ya hizo con el reconocimiento de Palestina o tras la captura de Nicolás Maduro por parte de EEUU en Venezuela. En Moncloa basan su estrategia en una "triple actitud": ser tajantes, anticiparse al resto y aprovechar cualquier ventana de oportunidad para colocar una propuesta sobre la mesa. El objetivo, tal y como ha explicado en muchas ocasiones el Gobierno, es llegar al final del proceso con un relato claro que se resume con una frase: "No estábamos solos, fuimos los primeros". En esta ocasión, el movimiento también fue rápido. El Gobierno fijó posición al señalar que el ataque contra Irán vulneraba el derecho internacional, un diagnóstico que compartía todo el arco parlamentario situado a su izquierda. Dio un paso más al decir que no iba a autorizar que Estados Unidos utilizase las bases militares de Rota y Morón, un gesto que terminó por desencadenar el choque tanto con la Administración de Donald Trump como con el Gobierno de Benjamin Netanyahu en Israel. En los últimos días, los ejecutivos tanto de EEUU como de Israel han cargado con dureza contra España, a la que Trump definió como "perdedora". Pero Moncloa ha mantenido el pulso y ha continuado con su estrategia, aunque en realidad se trate solo de gestos y palabras de cara a su electorado, porque de las bases han partido aviones de combate en la última semana. Pese a todo, el Gobierno no deja su discurso para mantener la tensión. Mucho menos sutil fue el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, el pasado miércoles, al responder a las palabras de la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, que aseguró que España había prometido "cooperar con el Ejército estadounidense" apenas unas horas después de que el Gobierno hubiera rechazado autorizar el uso de las bases de Rota y Morón para apoyar las operaciones norteamericanas en Irán. "Ella será la portavoz de la Casa Blanca, pero yo soy el ministro de Asuntos Exteriores del Gobierno de España y le digo que nuestra posición sobre el uso de las bases, sobre la guerra en Oriente Medio y sobre los bombardeos en relación a Irán no ha cambiado en absoluto", espetó Albares. Un día después, el jueves, Albares insistió en que no habrá cambio de posición y argumentó que la de España es una "decisión soberana" que no va a ser consultada ni discutida con la Administración Trump. Como Sánchez comenzó su declaración institucional tras la escalda con un "queridos compatriotas" y llamó a sentir "orgullo" del país, Albares habla todo el tiempo de España, no del Ejecutivo, y el matiz es importante si la estrategia es la de escenificar que el Gobierno se echa el país a las espaldas frente a los ataques verbales de una potencia extranjera. Otros ministros del Gobierno aplicaron este 'efecto bandera' de forma mucho más explícita: Óscar Puente lleva toda la semana con la bandera de España como foto de perfil en sus redes sociales. Mientras tanto, el Ejecutivo también dirige mensajes hacia su izquierda. Considera que el discurso antibelicista ya moviliza por sí mismo a todo el electorado progresista. No es casual el 'No a la guerra': en el PSOE incluso querrían movilizaciones ciudadanas que amplifiquen ese mensaje. Pero las palabras también tienen peso, y no pasaron desapercibidas las declaraciones de Albares, al calificar al PP como el "partido de la guerra". Curiosamente, esa misma expresión fue utilizada en infinidad de ocasiones por Podemos contra Sánchez, cuando la OTAN le exigió aumentar el gasto militar. Hoy, es Moncloa la que trata de apropiarse de esas palabras, desplazando a Feijóo al foco de la crítica que hasta entonces había pertenecido a Sánchez. El envío de la fragata 'Cristóbal Colón' trastocó esos planes, pues el despliegue de un barco de guerra fue censurado enseguida precisamente por Podemos, más aún cuando se conoció solo un día después de la recuperación del eslogan antibelicista de 2003. Para justificarlo, Sánchez transformó el despliegue naval en lo que definió como "ayuda" a un país de UE, lo cual cree que no es incompatible con el 'No a la guerra'. Movilizar a toda la izquierda Los socios progresistas del PSOE son conscientes de que la estrategia discursiva desplegada por la Moncloa les afecta directamente y de que, si a Sánchez le sale bien, puede llegar a achicarles espacio. No obstante, en Sumar no hay especial preocupación al respecto: fuentes de la formación minoritaria de la coalición de Gobierno consideran que, lejos de arrinconarles, que la Moncloa haya tomado la bandera del no a la guerra ayuda a movilizar a todo el electorado progresista, incluido el que hasta ahora estaba desencantado o desactivado. "La clave es que vuelve a sacar de la abstención" a votantes de PSOE y Sumar de hace tres años, y si también lo consigue con algunos "centristas", mejor que mejor, resumen. El principal mérito de esta estrategia, considera un dirigente de Sumar, es precisamente ese: que permite al Gobierno retomar la iniciativa política en un momento de debilidad interna y situar el debate público en un terreno en el que Sánchez es mucho más fuerte. Estas fuentes, no obstante, aseguran que el presidente no solo actúa por conveniencia táctica, sino también porque está convencido políticamente de que la guerra es un error. Y el hecho de haberse opuesto antes a la invasión de Ucrania por parte de Rusia y, de la misma manera, a la de Gaza por parte de Israel, consideran en Sumar, otorgan coherencia a la decisión de hacer lo mismo en esta ocasión. "A nosotros nos da aire", resume un dirigente, y más teniendo en cuenta que la guerra no parece que vaya a ser corta, sino que ahora mismo no tiene final a la vista, puesto que Trump afirmó este viernes que solo le vale la "rendición incondicional" de Irán. Otras fuerzas progresistas, no obstante, no ven tan claro que la movilización del espectro progresista gracias al "no a la guerra" pueda tener lugar sin que el PSOE amplíe su espacio a costa de los partidos a su izquierda, si bien también creen que existe cierto margen para contener esa acometida. En ese sentido, Podemos ha evitado chocar frontalmente contra Sánchez y un discurso, el antibelicista, que los morados comparten. No obstante, la estrategia de la formación que lidera Ione Belarra ha sido la de exigir al Gobierno que tome decisiones más drásticas: además de haberse opuesto al envío de la fragata 'Cristóbal Colón' al Mediterráneo Oriental para defender Chipre, Podemos ha pedido convocar un referéndum sobre el mantenimiento de las bases estadounidenses de Rota y Morón en territorio español y también sobre la salida de la OTAN.