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Sánchez ya tiene su pancarta

2026-03-04 - 19:03

Cuando la actual izquierda atisba algún beneficio político a costa de una tragedia, no duda en hacer con ella una pancarta. En su historial aparecen el Yak-42, el 11-M, Irak, los ancianos fallecidos en residencias durante la pandemia –siempre que fueran madrileñas–, la dana y, ahora, Irán. Sánchez ya tiene la pancarta en la que Estados Unidos, Israel y la República Islámica de Irán están al mismo nivel. El «no a la guerra» vuelve a ser el toque de corneta para espabilar a una izquierda perdedora, a la que le da igual que no haya un buque, una aeronave o un solo soldado español participando en los ataques contra el régimen de los ayatolás. Sánchez busca para sí mismo un frente popular, como sugerimos desde esta misma página, y ayer confirmó con su declaración institucional. Nada necesita más Pedro Sánchez que confrontar con Donald Trump, para lo que no ha dudado en detonar el explosivo carácter del líder republicano con la prohibición de uso de las bases españolas para la operación militar contra Irán. Sánchez dijo que su posición se resume en cuatro palabras: «No a la guerra». Suena bien, pero es de un simplismo preocupante en un gobernante europeo, que solo busca escalar a la condición de líder de la izquierda planetaria y reagrupar el voto de una izquierda que va de revés en revés. Con su «no a la guerra», el líder socialista adorna un discurso vacío de contenido, sin propuestas realistas, meramente emocional, sin sintonía con sus socios. Muchos de estos han criticado la unilateralidad de Trump, pero reconociendo que su prioridad es acabar con el régimen de Irán, un promotor activo del terrorismo internacional, particularmente obsesionado con la destrucción de Israel. Es un país amenazante para sus vecinos, represor masivo de su población, sobre todo la femenina. Su industria nuclear representa un riesgo general para Occidente. Y de todo esto han sido conscientes las democracias occidentales, premiando con su parsimonia la consolidación de una auténtica dictadura. Hasta que un presidente de Estados Unidos –por muy delirante y grotesco que resulte en muchas ocasiones– decide, con altísimo coste, poner fin a esta insostenible rutina de condescendencia con la dictadura iraní. Nada sería más deseable que existiera una legalidad internacional respetada por todos y aplicada por una organización sin vetos internos, como los que mantienen inoperante a la ONU. Ahora bien, si la izquierda espera que toda intervención militar esté bendecida por la ONU, su pacifismo es de cartón piedra, porque semejante expectativa es inviable con Rusia y China en el Consejo de Seguridad. La prioridad de Sánchez es su salvación política, y el conflicto en Irán, la coartada para buscar el 'tú a tú' con Trump. Mientras saca pecho frente a Washington, Sánchez se muestra dócil con Marruecos, cuyas inversiones militares lo están convirtiendo en una futura potencia regional. Incluso Portugal ha ocupado el hueco de España permitiendo a Estados Unidos el uso de su base en las islas Azores. El «no a la guerra» que desempolvó ayer Pedro Sánchez del trastero de La Moncloa es su enésima impostura con los intereses nacionales de España en materia de seguridad colectiva y de colaboración con sus socios occidentales.

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