Síndrome del impostor en Bachillerato: cuando el alumno brillante se siente «un fraude»
2026-02-16 - 11:45
En las aulas de Bachillerato no todos los problemas académicos tienen que ver con suspensos o bajo rendimiento. Algunos de los casos que más preocupan a los departamentos de orientación corresponden, precisamente, a estudiantes con expedientes excelentes. Alumnos que encadenan sobresalientes, que cumplen con creces las expectativas y que, sin embargo, viven con la sensación persistente de no estar a la altura. Se trata del llamado síndrome del impostor, un fenómeno descrito en 1978 por las psicólogas Pauline Clance y Suzanne Imes para referirse a personas con alto rendimiento que atribuyen sus logros a la suerte o a factores externos y temen ser «descubiertas» como incompetentes. Aunque el concepto surgió en el ámbito profesional, su presencia en etapas educativas preuniversitarias es cada vez más evidente. El Bachillerato constituye una etapa de especial presión : decisiones vocacionales, pruebas de acceso a la universidad y notas de corte elevadas convierten el rendimiento en un factor central. En este contexto, algunos estudiantes desarrollan niveles de autoexigencia que superan los estándares habituales. Los perfiles más frecuentes no son los de alumnos con dificultades , sino los de jóvenes responsables, perfeccionistas y con una fuerte orientación al logro. Sin embargo, lejos de disfrutar de sus resultados, tienden a minimizarlos. Un sobresaliente puede interpretarse como «un examen fácil». Un reconocimiento académico, como «una casualidad». El error, por pequeño que sea, adquiere un peso desproporcionado. El síndrome del impostor no figura como diagnóstico clínico en los manuales de salud mental, pero los especialistas coinciden en que sus efectos emocionales pueden ser significativos . En el ámbito escolar, suele manifestarse a través de: ansiedad intensa ante evaluaciones, dificultad para aceptar elogios, necesidad constante de validación externa, miedo a decepcionar a profesores o familiares y evitación de nuevos retos por temor al fracaso. En algunos casos, el rendimiento elevado se mantiene, pero a costa de un desgaste psicológico considerable. La cultura del rendimiento y la comparación constante influyen de forma notable . La exposición continua a logros académicos en redes sociales, la competitividad en determinados itinerarios y la presión por acceder a titulaciones con altas notas de corte refuerzan la idea de que el éxito debe ser continuo y excepcional. En una etapa clave para la construcción de la identidad, el riesgo es que el autoconcepto quede reducido al desempeño académico. El síndrome del impostor en Bachillerato pone de relieve una tensión estructural del sistema educativo contemporáneo: la búsqueda de la excelencia no siempre va acompañada de una educación emocional sólida. Cuando el estudiante brillante se percibe como un fraude, el desafío trasciende lo individual y plantea interrogantes sobre el modelo de éxito que se transmite en las aulas.