San Roque en Calatayud, una colorida fiesta con amplia tradición
2026-03-21 - 07:10
Cuando los días se alargan, la actividad social se reactiva. Se vive y se siente en la calle. Damos la bienvenida a un nuevo tiempo. Entramos en momentos de más luz, de más color, con más alegría y más ganas de interacción en los que lo original y lo único ganan valor. Aragón es un lugar para vivirlo todo. Una comunidad con historia en la que el visitante conecta con las tradiciones, con quienes las reviven y las conservan. Sus más de cien fiestas de Interés Turístico Regional permiten hacerse una idea de la riqueza y de la variedad de estas experiencias, que trasmiten la autenticidad de su identidad cultural. En este destino nada convencional, donde quien llega se integra de forma inherente en la población local, se encuentra Calatayud. Esta ciudad de más de 20.000 habitantes prepara su celebración más singular, popular, jovial e inclusiva. Es el San Roque bilbilitano, una de sus cuatro fiestas con esa catalogación desde el año 1.994. Esta es la gran fiesta de Calatayud. Un municipio que sin embargo tiene como patrones a san Íñigo y la virgen de la Peña. Los bilbilitanos (gentilicio proveniente de la ciudad romana de Bílbilis) viven San Roque organizados en diez peñas multitudinarias y en una antigua y respetada cofradía, con las que el Ayuntamiento de la localidad se implica, apoya y acompaña. Son solo cuatro jornadas, pero muy intensas que esperan con la misma impaciencia los más mayores del lugar y quienes empiezan a descubrir la libertad. La Edad Media, el inicio Del 13 al 16 de agosto, la devoción al santo protector de la peste se fusiona de forma natural con el bullicio de 11 charangas (tantas como peñas, más la que no deja a la cofradía). Los gozos a san Roque conviven con los conciertos, con sesiones de DJs en los locales de las peñas, con meriendas, comidas, almuerzos, cenas y recenas. Con rituales antiquísimos como el sorteo del preboste y el cambio del santo. Con concursos de disfraces, o el de los “Muñecos de Capea”. Este se celebró por primera vez en 1954, promovido por Vicente Monteagudo Freixa. Aunque su organización formal como concurso es relativamente reciente, la práctica tiene raíces históricas mucho más profundas. Los muñecos de capea sucumbirán en la tarde del 16 en el Coso de Margarita, un edificio de gran belleza que cumplirá 150 años en 2027 y que se construyó en 126 días. El crecimiento y la reinvención En los años 50 del siglo pasado, esta ciudad bimilenaria supo transformar esta festividad sin renunciar a la tradición. Pasado y presente se integraron en una nueva forma de ensalzar ese sentimiento que impulsó el bilbilitano Eduardo Rubio. Entusiasmado volvió “Tato”, como todos le conocían, de las fiestas de la localidad navarra de Cascante. Era finales de 1957. Estaba convencido y convenció de que en Calatayud podía hacerse algo parecido. Su idea quedó perfectamente delimitada. Imprescindibles iban a ser las charangas y, con la ilusión de aquellos pioneros, se creó la Peña Euqor (Roque al revés). Estaban naciendo las fiestas que conocemos. La Peña Bilbilitana, la de Los Clotaldos o Jarana surgieron y desaparecieron. Permanecen La Bota, El Cachirulo, la infantil del Desbarajuste, Euqor, Garnacha, Los Que Faltaban, Nogara, Rouna, Solera, y La Unión. Cada una se identifica por el color de su camisa y por su escudo. Todas y cada una tienen historia propia. En Interpeñas -fundada en 1980- todas están representadas. Desde 1982 de entre los miles de peñistas que las forman eligen cada año a quien destaca por su entrega y su trabajo en pro de esta celebración. Él o ella prenden el cohete anunciador en la tarde del día 13. Es la mecha que desata la jarana atronadora y una explosión de difícil descripción pero que fácilmente se contagia. Colorido, devoción y arraigo Esa tarde en la plaza de España o del Mercado, se presencia una escena inmensa. Se unen y abrazan vecinos, peñistas, cofrades y quienes multiplican la población para experimentar lo que aquí se vive. “Son muchos los que vienen y se sienten uno más, los que comprueban nuestra hospitalidad y repiten”, comenta orgullo el regidor municipal. Gerardo Bernal, actual presidente de Interpeñas recuerda que en 1961 se editaron los primeros programas oficiales de esta entidad y que en 1968 “se creó uno de los símbolos más representativos de pertenencia, lo que conocemos como la “chapa”, una insignia que desde entonces es lucida con orgullo por quienes participan en las fiestas”. En la madrugada del 15 al 16 la subida hasta la ermita impacta a quien la hace por primera vez. El olor a tomillos y romeros; el repicar del campanico en la ermita; los bombos que suena a la vez que las oraciones de la misa campestre, hacen inolvidables estas horas en las que va llegando el alba. Mientras, en la era de san Roque están preparadas las 12 cántaras con el chocolate. Narra el cronista que la magia de esa romería inspiró el conocido poema sinfónico Una noche en Calatayud, del afamado compositor Pablo Luna. Por otra parte, las primeras filmaciones documentadas en esta localidad las hizo Antonio de Padua Tramullas, un pionero del cine que rodó en 1914 Calatayud en fiestas. En esta película se aprecia la chocolatada que la Cofradía de San Roque ofrecía y sigue ofreciendo a los romeros. Este dulce, junto a los afamados bizcochos de suela de Calatayud que encandilaron al rey Alfonso XIII, y que también se reparten, son vigor para el último día. Más de cien actos en cuatro días El san Roque bilbilitano lo tiene todo, como reza el lema de estas fiestas que se han ido enriqueciendo y diversificando desde mediados del siglo pasado. Se instauró el llamado Vino de Honor en la tarde anterior al chupinazo. Es la apertura y la inauguración de los locales peñistas. Se creó el Gran Premio de Autos Locos. No faltan los desfiles de disfraces y, más recientemente, se ha incorporado el Campeonato de Patinetes Eléctricos. El fervor y la pasión de los bilbilitanos por sus fiestas se contagian. También la energía que irradian, que todo lo cambia y lo positiva. Quien las conoce regresa, las cuenta, las hace suyas. La hospitalidad, el ambiente respetuoso que se vive entre la multitud, y las buenas prácticas inclusivas, hacen que nadie se sienta fuera de esta celebración. Más al contrario. Nadie es forastero y se integra como un miembro más de esta comunidad que cuenta ya los días para gozar de toda esa actividad. Héctor Sarriá concejal de Festejos, invita a vivir esta celebración. “Impresiona por todas las sensaciones que trasmiten y porque son legado de quienes nos precedieron”, afirma. Es historia viva de Calatayud, de Aragón. Una tierra auténtica que no sólo se visita, sino que se siente con los ojos bien abiertos y el corazón dispuesto a sorprenderse.