Sarah Mullally abre una etapa inédita al ser entronizada como Arzobispa de Canterbury
2026-03-25 - 18:40
La catedral de Canterbury acogió este miércoles una ceremonia que supone un hecho sin precedentes en sus casi catorce siglos de historia: Sarah Mullally fue entronizada como 106a arzobispa de Canterbury, la primera mujer en acceder a este alto cargo que combina liderazgo espiritual, visibilidad pública y una autoridad religiosa que se proyecta más allá del Reino Unido sobre la Comunión Anglicana global. El oficio de este 25 de marzo, festividad de la Anunciación, marcó el inicio de su ministerio público. La ceremonia, que reunió a unos 2.000 asistentes, se desarrolló bajo una liturgia que contó con la presencia del príncipe y la princesa de Gales, Guillermo y Catalina, en nombre del Rey Carlos III, cabeza de la Iglesia de Inglaterra. También asistieron el primer ministro, Keir Starmer, responsables institucionales, representantes de distintas confesiones y delegaciones eclesiales procedentes de diversos países. El rito de entrada comenzó cuando Mullally golpeó con su báculo la puerta occidental de la catedral antes de ser admitida en el templo, donde en una suerte de peregrinación litúrgica, caminó hasta la silla de San Agustín, símbolo histórico de la sede de Canterbury. El desarrollo del servicio incorporó lecturas, cantos y oraciones en distintas lenguas, entre ellas el urdu, así como intervenciones musicales de procedencias diversas, en un intento de reflejar la pluralidad geográfica y cultural del anglicanismo contemporáneo. Mullally, de 63 años, llega al cargo tras una trayectoria que se aparta del perfil tradicional del alto clero anglicano. Antes de su ordenación, desarrolló durante más de tres décadas una carrera en el sistema sanitario británico y en 1999 se convirtió en la jefa de enfermería más joven de Inglaterra. Posteriormente fue obispa de Crediton y, en 2018, la primera mujer en asumir el obispado de Londres, uno de los puestos de mayor influencia dentro de la Iglesia. En su primer sermón como arzobispa entronizada, Mullally situó en el centro de su intervención la cuestión de los abusos y de los fallos institucionales que han afectado gravemente a la credibilidad de la Iglesia de Inglaterra . «No debemos pasar por alto ni minimizar el dolor sufrido por quienes han sido perjudicados por las acciones, las omisiones y los fallos de quienes formamos parte de nuestras propias iglesias y comunidades cristianas», afirmó ante la congregación, y añadió que «cada día tenemos a las víctimas y a los supervivientes en el corazón y en nuestras oraciones, y debemos mantener nuestro compromiso con la verdad, la compasión, la justicia y la acción». Mullally sucede a Justin Welby en un momento en el que la Iglesia de Inglaterra continúa recibiendo fuertes críticas por su gestión de casos de abusos a lo que se suma una división persistente, ya que algunos sectores rechazan la ordenación de mujeres, y la institución sigue profundamente dividida en torno a cuestiones como la bendición de parejas del mismo sexo. En su intervención, además de referirse a la crisis interna, la arzobispa aludió a los actuales conflictos internacionales y a personas que no pudieron asistir a la ceremonia debido a la guerra, y también evocó su propia biografía al recordar a «la Sarah adolescente que puso su fe en Dios» y reconocer que «nunca podría haber imaginado el futuro que tenía por delante ni el ministerio al que ahora he sido llamada».