Óscar Puente, en el punto de mira tras Adamuz: la tragedia golpea al pilar político de Pedro Sánchez
2026-01-26 - 09:19
No es la primera crisis que el ministro Óscar Puente afronta en los últimos años, pero sí la que más puede golpearle. El accidente de Adamuz ha dejado 45 fallecidos y centenares de heridos sin que, de momento, pueda probarse la causa, aunque la investigación apunta a la rotura de la vía, es decir, a que la responsabilidad puede recaer en el Ministerio de Transportes. Puente, junto a María Jesús Montero o Félix Bolaños, es uno de los pilares del Gobierno de Pedro Sánchez, por lo que crisis de este calado señalan directamente al corazón político de Moncloa. Antes del accidente de Adamuz, Óscar Puente ya acumulaba varias polémicas que marcaron su perfil público como ministro. Su estilo directo y desafiante en redes sociales, junto con las polémicas por la gestión técnica del transporte, con numerosos retrasos de Renfe y Cercanías, contribuyeron a consolidar su imagen de político polémico y de fuerte presencia mediática. Pero hasta ahora ninguna de las incidencias había tenido consecuencias mortales. Esta tragedia ferroviaria, sumada al accidente en Rodalies que costó la vida al maquinista, ha puesto al límite la gestión de Óscar Puente y, por extensión, la del Gobierno en su conjunto. Aun así, en Moncloa confían en su capacidad para afrontar la crisis. Desde el lunes posterior al accidente, cuando Pedro Sánchez compareció junto al presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, Puente ha monopolizado la estrategia de comunicación de esta crisis, liderando el relato oficial y acaparando la atención mediática. En este contexto, el propio ministro aseguró que activaría su "modo crisis". Traducción: su faceta más polémica en redes sociales queda temporalmente aparcada, dando paso a un Óscar Puente centrado en información y gestión. "Me conocen en modo crisis, así estuve en la DANA; voy a entrar al trapo lo menos posible", dijo Puente en la primera de las dos extensas ruedas de prensa sobre la tragedia que ha ofrecido sin límite de preguntas. Ambas forman parte de un intento de contención de daños que, aunque despejó alguna duda técnica, dejó claro que, de momento, Puente no tiene previsto dimitir. Aunque el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, afirmó desde Davos que asumía "todas las responsabilidades", sin precisar en qué se concretaban, el ministro de Transportes aseguró al día siguiente no estar preocupado ante una eventual petición de dimisión por parte del jefe del Ejecutivo. "Lo sucedido no me resta ninguna capacidad para seguir en el cargo", defendió en la última rueda de prensa celebrada este viernes. El ministro subrayó que no se encuentra "en circunstancias como para dimitir", si bien recalcó que su puesto está, en todo caso, a disposición de Sánchez. En cambio, el presidente del gestor público de la infraestructura ferroviaria (Adif), Pedro Marco de la Peña, aseguró en esa misma comparecencia que si la investigación del accidente de trenes en Adamuz (Córdoba) deriva de alguna responsabilidad suya, "por acción o por omisión", dimitirá "desde el minuto cero". En todo caso, es Óscar Puente quien sigue poniendo cara al epicentro político de la tragedia. El ministro quiere dejar claro que no pretende esquivar el foco mediático —ha concedido más de una decena de entrevistas en menos de una semana, junto con dos ruedas de prensa—, pero eso no garantiza que sus explicaciones sean suficientes para apaciguar la crisis ni frenar las críticas que se acumulan sobre su gestión. No es baladí que esto afecte al Ministerio de Transportes; tiene mucha trascendencia política. Óscar Puente se ha consolidado como uno de los ministros más importantes del Ejecutivo de Sánchez, no solo por el peso político de su cartera, sino por su proximidad al presidente y su capacidad de influencia dentro del núcleo duro de Moncloa. En otras palabras, Puente no es solo un ministro más: es uno de los referentes que sostienen la estabilidad y el relato del Ejecutivo. De hecho, en algunos sectores socialistas se ha llegado a hablar de Puente como posible sucesor de Sánchez, aunque lo cierto es que es una posibilidad que otros muchos ven absolutamente remota. En todo caso, simplemente que su nombre salga en ese tipo de quinielas da pistas sobre la influencia de Puente y lo que representa su figura para Moncloa. También las da el hecho de que, el que era alcalde de Valladolid hasta 2023, pasase a dar la réplica a Alberto Núñez Feijóo en su investidura fallida y, posteriormente, asumiese una de las carteras con mayor inversión y estrategia de gestión, convirtiéndose en un peso pesado de la Moncloa de Sánchez. La tragedia de Adamuz le sitúa en una cuerda que nunca ha estado tan floja. Todo ello, en un año marcado por las citas electorales, empezando por la del próximo 8 de febrero en Aragón. En este sentido, el accidente ferroviario no solo golpea la gestión de Puente, sino que pone a prueba la estrategia política del Gobierno de Sánchez. La magnitud del accidente y la falta de certezas sobre sus causas generan presión mediática y política y falta de confianza ciudadana. Cada palabra de Puente, cada rueda de prensa y cada decisión se convierte en un crisol de la credibilidad del Gobierno, donde cualquier tropiezo se amplifica y puede proyectar debilidad o descoordinación ante la opinión pública. En este sentido, Moncloa optó desde el primer momento por una tregua política con el PP, buscando proyectar un Ejecutivo serio y gestor frente a la crisis. Mientras Sánchez exhibe unidad y coordinación con Juanma Moreno, Puente deja a un lado su perfil más combativo en redes y se enfunda el traje de ministro gestor, consciente de que esta tragedia no solo pone a prueba sus competencias, sino que también tensiona el corazón político de todo el Gobierno.