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Ser mujer e inmigrante en España: "Al principio no era ni de un lado ni de otro. Soy las dos cosas y no tengo por qué renunciar a ninguna"

2026-03-10 - 16:43

De acuerdo con las cifras del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, este año 2026 ha comenzado con más de 3 millones de personas afiliadas a la Seguridad Social que no nacieron en España. Representan más del 14 % del total de los cotizantes, y de esa cantidad de trabajadores extranjeros casi 1,3 millones son mujeres. Para dar visibilidad y apoyo a estas mujeres, ONG Rescate organizó un foro el pasado jueves 5 de marzo donde bajo el lema "yo también soy española" cinco mujeres procedentes de diferentes partes del mundo contaron su experiencia personal, las trabas que se han encontrado por el camino y cómo en España han encontrado una sociedad que les ha acogido donde arrancar una vida más fácil que en sus países de origen. En busca de un lugar más justo Es el caso por ejemplo de Migdalia Ibarra, quien trabajaba como orientadora en un instituto en Venezuela salió del país cuando, tal y como asegura, la situación política y social del país se empezó a poner insostenible donde ya no había nada que comer y la violencia y la represión habían hecho de las calles de Venezuela un lugar hostil. "Recuerdo esa noche el aeropuerto que llegamos en la madrugada, muy asustado de que nos agarrara la policía o la guardia y por ello ni siquiera nos trajimos nada, porque decíamos vamos a ir como si fuéramos turistas, porque sabíamos qué podía pasar", asegura Ibarra. "La migración no solo es un viaje de un país a otro, la migración es una decisión que afecta al sentimiento y a las relaciones" En el caso de Batol Gholami, procedente de Afganista, aprovecha para recordar que "al final la migración no solo es un viaje de un país a otro, la migración es una decisión que afecta al sentimiento y a las relaciones con la gente". Por su parte, Marian Davies, quien llegó de Guinea siendo una niña, sus color de piel y sus rasgos racializados le han hecho sentir que no pertenece, ni a un país donde apenas vivió, ni al país que la acogió cuando era tan solo una niña: "Al principio no era ni de un lado ni de otro, porque nadie me veía ni como española ni como guineana. Soy las dos cosas y no tengo por qué renunciar a ninguna de mis dos identidades. A quien no le guste, que no mire". Arezoo Mojaverian, procedente de Irán, asegura que "cuando vine a España yo no quería escapar de mi país. De hecho, siempre he pensado que me encanta mi patria, siempre he pensado que hay que quedarse, hay que construirlo, hay que luchar y hay que resistir, pero ahí era una batalla constante, más que nada siendo una mujer". A pesar de vivir en España. Arezoo sigue luchando por los derechos de las mujeres: "Tengo muchos recuerdos de diferentes tipos de policía moral que siempre ha habido con la política islámica, cómo quitan el valor que tenía la mujer ya antes de la revolución". En el caso de Lina Al Bizreh, que llegó a España desde Siria en 2014, sus hijos fueron el motivo por el que salió de un país en guerra y vino a España. "En un momento determinado también decides que que tienes que buscar un poco de tranquilidad y de paz". Aunque cada una salió de sus país de origen por un motivo diferente, las cinco mujeres han encontrado en España un lugar seguro donde vivir, trabajar, tener una familia y desarrollarse como personas y profesionales, aunque el camino -literal y figurado- no ha sido color de rosa. Una burocracia complicada, la otra piedra del camino Tal y como aseguraba Carla Pablos, responsable del área jurídica de Rescate, la propia burocracia española y la solicitud de asilo tienen sus complejidades. "Es difícil y muchas veces las abogadas no tenemos la posibilidad de sentarnos con las personas a escuchar sus historias". Es el caso por ejemplo de Marian Davies, quien a pesar de haber viajado desde Guinea y vivir en España desde que era una niña, a la hora de pedir la nacionalidad se encontraba en tierra de nadie; entre un país en el que no había nacido y uno en el que no había vivido. A pesar de tratarse por entonces Guinea Ecuatorial de una colonia española, su madre al casarte con un extranjero perdió la nacionalidad, por lo que tuvo que esperar hasta los 18 años para pedirla, cuando se encontró con un problema: "Me pedían un pasaporte guineano, y yo no disponía de pasaporte porque al venir con ocho años entré con un salvoconducto. Fui a la embajada de Guinea Ecuatorial a solicitar un pasaporte y me dijeron que no porque yo no era de ahí. Yo no tenía ninguna documentación, solo tenía un salvoconducto, pero ellos decían que aquello no servía, que tenía que tener una partida de nacimiento guineano o un pasaporte guineano", explica. "Hay muchas formas de ser mujer y de ser española" En el caso de Al Bizreh, al tratarse Siria de un país en guerra, tampoco tenía acceso a este tipo de documentos. "Casi todo estaba bloqueado. Encima nos pedían que estuviese certificado y apostillado en una embajada española. Siria no tiene", confesaba, poniendo de manifiesta los problemas burocráticos a la hora de conseguir la nacionalidad en España. Aunque todas y cada una de las intervinientes a pesar de ser mujeres inmigrantes en España se sienten en su país, desde ONG Rescate creen que es necesario recordar que, frente a la simplificación de una identidad española única y homogénea reivindicamos la complejidad y la diferencia. "Hay muchas formas de ser mujer y de ser española". Desde esta organización recuerdan que la migración no es un problema ni una amenaza, sino un fenómeno complejo que siempre ha estado presente en la historia de la humanidad, y que podemos transformar en una oportunidad. Tal y como comentaba Arezoo Mojaverian, portavoz de La voz de Irán en España durante su intervención, en su país no es natural encontrar por las calles a personas de diferentes procedencias; sin embargo, en España sí, "y eso enriquece la cultura y las mentes".

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