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Ser padre con discapacidad, entre la naturalidad y la lucha contra los prejuicios: "Para nuestras hijas es lo normal"

2026-03-19 - 06:41

Las hijas de Vicente Aguilar y de Anxo Queiruga no tienen padres con discapacidad, sino simplemente padres. Cuando están con ellos, no ven a un padre que va en silla de ruedas o a uno que lee en braille, sino al padre que las ha cuidado, con el que han crecido y que las quiere y las apoya cuando lo necesitan. Con esa naturalidad es con la que les gustaría ser vistos por el resto la sociedad, una sociedad que a menudo sigue viendo la paternidad y la maternidad de las personas con discapacidad como una heroicidad o, lo que es peor, como algo que no entra en sus esquemas. "No somos ni los primeros ni los últimos", asegura Vicente, que perdió la visión a los tres años de edad a causa de un retinoblastoma en ambos ojos. Vicente ha estudiado Derecho, ha sido deportista y ha tenido una vida laboral plena. Entonces, ¿por qué no iba a tener una vida familiar como la de cualquier otro? Se enamoró, se casó, se desenamoró... y fruto de esa relación nacieron dos niñas, que ahora tienen de 14 y 11 años. Al principio, como todos, tuvo miedo de ser padre, se preguntaba si sería capaz, sobre todo porque su pareja también era ciega, pero, al ver a otras parejas en la misma situación habían formado familias antes que ellos, los miedos se le fueron de golpe. "Pensamos, ‘si ellos pueden, nosotros también'", recuerda. Sin embargo, tardaron poco en cuestionarlos, pues como recuerda Vicente, la trabajadora social del hospital los llamó cuando iban a irse a casa. "Nos hizo todo tipo de preguntas: que si teníamos ayuda, que cómo lo íbamos a hacer para criar a un niño sin ver... Tuvimos que decirle que no éramos ni los primeros ni los últimos en tener niños teniendo discapacidad. Nos levantamos y nos fuimos, porque nos pareció ridículo que una trabajadora social en el siglo XXI nos planteara esas cosas". Como reconoce Anxo Queiruga, que además de padre es presidente de Cocemfe y vicepresidente de Cermi, todavía sigue habiendo una visión bastante equivocada de las personas con discapacidad. "Siguen viéndonos de un modo muy paternalista, muy ligado a los cuidados. Se piensa que somos nosotros los que tenemos que ser cuidados, y que si no podemos cuidarnos a nosotros mismos, no vamos a poder cuidar a los demás, tener una familia o una hija. Somos padres y madres como cualquier otra persona, y tener una lesión medular no ha sido ningún impedimento para que pueda desarrollar mi labor como padre. Mi hija tiene 13 años y crece en un ambiente familiar complemente normalizado, con los apoyos y la educación que le dan su padre y su madre", reivindica. Mi hija tiene 13 años y crece en un ambiente familiar complemente normalizado, con los apoyos y la educación que le dan su padre y su madre Vivir en la normalidad Tanto las hijas de Vicente como la de Anxo tienen algo en común, y es que viven con naturalidad la discapacidad de sus padres, una circunstancia con la que han convivido desde que nacieron. Para ellas, tener un padre con discapacidad es tan natural como no tenerlo. Lo que les ‘choca’ es que el resto de los padres o hijos no lo vean así. "Para nuestras hijas, tener unos padres ciegos es lo normal. De vez en cuando hay niños en el cole que les preguntan, pero siempre desde el respeto, la curiosidad... y ellas responden de la misma manera", cuenta Vicente. Para la hija de Anxo lo que no es normal es que, 13 años después, sigan mirando a su padre con extrañeza. "Es donde más notamos los prejuicios, cuando, estando con mi hija en el parque o compartiendo cualquier ora actividad, notas que se te quedan mirando, sobre todo algunos padres. De hecho, mi hija muchas veces me decía ‘¿viste cómo te miraron?’, porque para ella es algo normal, no es nada llamativo que su padre vaya en una silla de ruedas. Ya me pasó antes con mis sobrinos, con mi ahijado... ellos no ven que voy en silla de ruedas, ven a su tío, a su padrino... y mi hija ve a su padre", insiste. Los niños tienen curiosidad, preguntan... pero los adultos, los otros padres a veces lo ven como superhéroes. "Piensan, ‘madre mía, fíjate, que va en silla de ruedas y tiene una hija’. Y yo pienso, pero ¿por qué no voy a tenerla? Al final lo que tiene que hacer un padre con discapacidad es ejercer su gestión responsable, como cualquier otro. Yo siempre lo he llevado con toda la naturalidad del mundo, pero te sigues encontrando situaciones, alguna preguntas fuera de lugar, pero porque no están lo naturalizadas como deberían estar", asegura Anxo. Las limitaciones existen, pero muchas menos de la sociedad piensa y muchas de ellas más por falta de apoyo y accesibilidad que por su discapacidad. Como reconoce Vicente, es cierto que no puede ayudar a sus hijas con los deberes de lengua o llevarlas en coche, pero, para el resto, se buscan soluciones, como para otras cosas en la vida. "Nunca hemos tenido problemas para criar a nuestras hijas. Hay cosas que te cuestan más, pero te buscas las mañas, y las haces. Hemos podido darles una medicación, cambiarles el pañal o darles de comer, como cualquier padre. ¿Que no puedes llevarlas en el carro? Pues las llevas en la mochila. ¿En el parque? Con una pulserita de esas que suenan si se alejan, diciéndoles que te hablen constantemente... Además, hay mucha tecnología que ayuda a todas estas cosas cotidianas. Nosotros estamos acostumbrados a buscarnos la vida para hacer estas cosas", cuenta Vicente. Los obstáculos con los que se encuentran son muchas veces, como enfatiza el presidente de Cocemfe, más por falta de accesibilidad que por su discapacidad, es decir, que los nota más fuera que dentro de casa. "Necesitas algo más de apoyo y coordinarte mucho mejor con tu pareja, pero los obstáculos están sobre todo fuera. Cuando, por ejemplo, se organizan actividades para las familias y no tienen en cuenta que un padre puede tener una determinada circunstancia para que todos podamos participar con normalidad. Estar presentes en esos ámbitos nos visibiliza y es lo justo, porque no se puede discriminar a una familia por tener una situación de discapacidad", reivindica. Nunca hemos tenido problemas para criar a nuestras hijas. Hay cosas que te cuestan más, pero te buscas las mañas, y las haces Madurez y sensibilidad Cuando preguntamos a Anxo y a Vicente qué beneficios tiene para sus hijas tener un padre con discapacidad, ambos coinciden en que les da un plus de empatía y madurez. Madurez porque, como reconoce Vicente, el tener dificultades para hacer determinadas cosas te hace confiar más en ellas y en sus capacidades, y la empatía y la sensibilidad la desarrollan de manera natural, al haber crecido junto a personas con necesidades apoyo. "Siempre que ven a algún niño con alguna necesidad especial se dan cuenta, le intentan integrar en el grupo... para ellas es lo normal, no los miran raro, los ayudan... Yo creo que eso es muy positivo", dice orgulloso. El tener un padre con discapacidad les da otra sensibilidad. Como asegura Anxo, "les aporta otra visión hacia las personas que tienen más dificultades. Normalizan la diferencia, empatizan de manera natural y piensan enseguida en cómo pueden ayudar". Ambos, como puede ser de otra forma, recomiendan la paternidad para quien quiera ejercerla, tengan discapacidad o no, pero sobre todo, quieren acabar con los prejuicios de los que piensan que ellos no pueden. "Están muy equivocadas, porque hasta que no estás en la situación no te das cuenta de lo que eres capaz de hacer. Si te falta una mano o un sentido, el resto lo desarrollas más. Yo siempre cuento que a mi padre le faltaba un brazo y fue carpintero toda la vida, y se ataba los cordones y se hacía el nudo de la corbata con una mano. Soy consciente de que no voy a ser conductor de autobús si no veo, pero ¿por qué no voy a poder tener una familia?", insiste Vicente. El mensaje es, por tanto, naturalizar lo cotidiano, clave para que la sociedad sea cada vez más inclusiva, porque, como afirma Anxo Queiruga, "ser madre o padre es una responsabilidad para todo el mundo, y lo mismo para nosotros".

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