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Sevilla recuerda a las víctimas de Adamuz y al joven Fernando Huerta en una misa en la Catedral: «La muerte no tiene la última palabra»

2026-01-28 - 21:50

«Nada, absolutamente nada, podrá separarnos del amor de Dios. Esa es la certeza cristiana: la muerte no tiene la última palabra». La Catedral de Sevilla ha acogido este miércoles una misa solemne en memoria de las víctimas del accidente ferroviario ocurrido hace diez días en la localidad cordobesa de Adamuz, donde perdieron la vida 45 personas, así como por Fernando Huerta , el joven sevillano fallecido en el siniestro de Rodalíes de Gelida, en Barcelona, apenas dos días después. Desde entonces, España vive con el corazón encogido por una tragedia que se ha cebado con las familias andaluzas. La eucaristía, celebrada en el trascoro de la Catedral, ha estado presidida por monseñor José Ángel Saiz Meneses , arzobispo de Sevilla, y ha contado con la presencia de autoridades religiosas y civiles, además de numeroso público. De esta forma, han acudido el alcalde de la ciudad hispalense, José Luis Sanz , así como otros miembros de la corporación municipal; los consejeros de Turismo y Andalucía Exterior, Arturo Bernal, y Cultura y Deporte, Patricia del Pozo; Catalina García; el presidente de la Diputación de Sevilla, Javier Fernández; el subdelegado del Gobierno en la provincia de Sevilla, Francisco Toscano; el delegado del Gobierno de la Junta de Andalucía en Sevilla, Ricardo Sánchez, la portavoz parlamentaria del PSOE-A, María Márquez, y el senador del PP Rafael Belmonte. Además de autoridades militares y el presidente del Consejo de Hermandades y Cofradías, José Vélez, también han arropado a los padres, la hermana, la novia y las decenas de amigos de Fernando Huerta congregados en la Seo, representantes del Sevilla FC -Joaquín Caparrós y Pablo Blanco- y de la hermandad de la Macarena , las dos grandes pasiones del joven maquinista. «No es fácil dirigir la palabra cuando la herida está abierta. Es más importante la cercanía, el silencio respetuoso. Acompañar a aquellos que no alcanzan a entender lo sucedido. Lo hacemos en comunidad para que nadie se sienta solo», ha comenzado Saiz Meneses la ceremonia, ofreciendo un «abrazo a tantas personas afectadas de un modo u otro». Por supuesto, a las víctimas y sus familiares, pero también a los servicios de emergencias «que han vivido experiencias durísimas» y que «han puesto su profesionalidad y humanidad al servicio de los demás». En su discurso de acogida, el prelado ha recordado también que ya el día 19 de enero se recibió el consuelo del Santo Padre ante el horror de estos accidentes. «Este gesto del sucesor de Pedro es un bálsamo para la herida», ha señalado. En su homilía, el arzobispo ha repasado las lecturas con un mensaje que reconforta: «Desde la cruz se revela un amor que no abandona nunca». Sobre la palabra del libro de Job, Saiz Meneses ha destacado que pese a su popularidad, no es un santo de la paciencia «sino el misterio de la persona justa, buena, que sufre». Como Job se revela enmedio de la noche, acaba por decir «yo sé que mi redentor vive». Un paralelismo a lo sucedido la semana pasada en los a priori rutinarios viajes en tren. «Cuando la muerte aparece de forma inesperada, nos preguntamos por qué de esta manera. Son tragedias ante las que el ser humano se queda sin palabras, pero el creyente no se queda sin camino», ha subrayado. El arzopispo de Sevilla se ha referido a los momentos de profundo desánimo, peligro o dificultades extremas que recoge uno de los versos del Salmo 22 como metáfora de la tragedia ferroviaria. «Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque Tú vas conmigo. Esas cañadas tienen hoy nombre: Adamuz y Gelida». Esta oración de un «corazón herido» tiene reparo al «sabe que el señor es su pastor». En este sentido, ha dicho, «la fe nos permite decir tú vas conmigo. Dios no es espectador del sufrimiento, sostiene a quien no puede más». Por último, de la lectura de San Pablo, Saiz Meneses ha destacado que ofrece un pensamiento firme: «Nada, absolutamente nada, podrá separarnos del amor de Dios. Esa es la certeza cristiana, la muerte no tiene la última palabra. Jesús no sé desentiende del dolor humano, lo atraviesa y lo redime. Entra en el desconcierto de quien no entiende. La fe no es negar la herida, es mirarla con Cristo», ha continuado para cantarle a la Esperanza, la misma que nos trae la resurrección de Jesucristo. Así, ha apuntado que no se trataba de un homenaje a las víctimas, sino la celebración de una eucaristía «que los introduzca en la vida que no termina». En sus peticiones, ha insistido, «que la prueba no nos robe la fe». El momento más emotivo de la solemne misa ha sido en el rito de la paz. Cuando ese abrazo espiritual del que hablaba al principio monseñor Saiz Meneses se ha convertido en roce físico. A Rafael y Marijose, los padres de Fernando Huerta, el arzobispo les ha dicho que se encomienden a la Virgen, que le pidan «consuelo y fortaleza» a la Madre, «que transforme la herida en compasión, nuestra noche en Esperanza».

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