Si te castigaban con frecuencia cuando eras niño, compartes estos rasgos de personalidad según la psicología
2026-03-01 - 10:13
Una educación adecuada es fundamental para el desarrollo de los niños y esto no solo hace referencia a su educación académica, que en España se imparte en colegios y centros escolares, la que se recibe en casa es también clave. Cada vez existen más estudios que ayudan a padres y tutores a encontrar la mejor manera de relacionarse con sus hijos, de transmitirles lo que interesa y evitar que los problemas de los adultos repercutan en ellos. Las formas de educar cambian con el tiempo y algunos métodos que antes eran frecuentes han demostrado no ser los más efectivos. Los castigos constantes pueden derivar en estos rasgos de personalidad Los castigos durante la infancia no siempre son eficaces y, en algunos casos, pueden marcar el desarrollo de los pequeños, moldeando ciertos rasgos de su personalidad que pueden manifestarse una vez que son adultos. Sobre este tema ha querido hablar la psicóloga Olga Albaladejo en Cuerpomente, señalando que hay algunos rasgos de personalidad que pueden ser compartidos por esos niños que eran castigados con frecuencia durante su infancia. "Las personas castigadas con frecuencia suelen desarrollar una gran capacidad para leer el ambiente y anticipar reacciones", explica la experta, que señala que suelen estar siempre vigilantes porque saber que sus equivocaciones tendrían consecuencias desagradables hace que tengan una habilidad especial para detectar las señales de peligro. No es lo único que destaca, también señala que son personas muy autoexigentes, "Cuando el error se castiga en lugar de explicarse, el mensaje interiorizado es claro: fallar no es seguro, o es incluso peligroso". Suelen culparse en exceso, sintiéndose responsables por conflictos que no han provocado. Pueden tener dificultad para reconocer emociones y, en algunos casos, también sienten ciertos problemas con las normas, algo que puede manifestarse de dos maneras, según comenta la experta: sumisión o rebeldía. El primero de los casos se produce por "miedo a contradecir, la necesidad constante de aprobación, la dificultad para poner límites a figuras de poder"; la rebeldía aparece como un rechazo a esas normas. En ambos casos es porque "la autoridad se vive como amenaza potencial, no como guía o estructura segura". Los niños que son castigados frecuentemente pueden convertirse en adultos que presentan un miedo constante a cometer errores, con baja autoestima y una excesiva autocrítica, también suelen ser extremadamente perfeccionistas. No es raro que tengan problemas a la hora de tomar decisiones, por temor a equivocarse, aparece de manera frecuente el sentimiento de culpa y buscan complacer a los demás, para evitar conflictos. Los castigos y sus efectos en los niños El castigo se emplea con la intención de modificar un comportamiento que se considera inadecuado. Existen diferentes tipos de castigo, el positivo, en el que se aplica un estímulo negativo ante una conducta, y el negativo, que implica retirar un estímulo que es positivo para el niño. El uso de los castigos podría tener un impacto mayor del que pensamos, sobre todo en los casos en los que se convierte en una herramienta frecuente, puede generar respuestas emocionales negativas en el niño, como miedo, ira, vergüenza o culpa. En muchas ocasiones, el pequeño no entiende por qué está recibiendo ese castigo y siente que no puede defenderse. A pesar de todo esto, los castigos suelen ser bastante frecuentes y es en parte debido a una cuestión cultural, es algo que siempre se ha hecho así. Además, un castigo suele obtener una respuesta más inmediata, por lo que es una solución más 'fácil' ante un comportamiento inadecuado. Una alternativa a los castigos podría ser premiar sus conductas positivas en lugar de castigar las negativas, ayudarles a regular sus emociones o explicarles las consecuencias de sus actos para que puedan entenderlos. En algunas ocasiones los castigos pueden funcionar, si tienen la intensidad adecuada, se aplican en el momento, tras el comportamiento inadecuado, y siempre que se dé la conducta que se pretende eliminar, pero no conviene abusar de ellos porque, aunque en ocasiones puedan ser efectivos, no es una forma de educar, sino de modificar su conducta por temor a las represalias. Referencias Durrant, J., & Ensom, R. (2012). Physical punishment of children: lessons from 20 years of research. Canadian Medical Association Journal, 184(12), 1373-1377. https://doi.org/10.1503/cmaj.101314 Stormshak, E. A., Bierman, K. L., McMahon, R. J., & Lengua, L. J. (2000). Parenting Practices and Child Disruptive Behavior Problems in Early Elementary School. Journal Of Clinical Child Psychology, 29(1), 17-29. https://doi.org/10.1207/s15374424jccp2901_3