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Slavoj Žižek, filósofo esloveno: "El cine es el arte más perverso, porque no te dice solo qué desear, también cómo desear"

2026-02-22 - 07:43

Slavoj Žižek lleva décadas moviéndose con naturalidad entre el mundo académico, la cultura popular y el espectáculo mediático. Cinéfilo declarado desde la adolescencia, cuando soñaba con dirigir películas antes que con escribir ensayos, el pensador esloveno no ha perdido nunca su fascinación por la gran pantalla. Quizá por eso acepta entrevistas, conferencias y apariciones públicas con la misma intensidad con la que analiza un plano de Hitchcock: Žižek disfruta estando donde está la conversación, incluso cuando incomoda. Esa mezcla de provocación, humor y teoría alcanza su forma más accesible en la imprescindible Guía de cine para pervertidos, el documental dirigido por Sophie Fiennes —hermana de Ralph y Joseph— en el que el propio filósofo ejerce de guía, narrador y protagonista de un viaje en el que igual nos encontramos con Charles Chaplin que con John Carpenter. Aunque la película —ni su secuela lanzada 6 años después— no está actualmente disponible en España, se ha convertido en una obra de culto por su manera directa de explicar ideas complejas a través de escenas populares del cine clásico y contemporáneo. Nada más empezar la cinta, Žižek lanza una de sus sentencias más citadas: "El cine es el arte más perverso de todos, porque no te dice sólo qué desear sino también cómo desear". La frase resume una idea central de su pensamiento: nuestros deseos no son espontáneos ni naturales, sino aprendidos. El cine, como fábrica de fantasías, no se limita a mostrarnos objetos de deseo, sino que nos enseña la forma correcta de desearlos, integrándolos en un marco social e ideológico. No obstante, el filósofo afirma más adelante que "para entender el mundo actual, necesitamos al cine, literalmente". Según Žižek, la ficción cinematográfica es capaz de revelar verdades que la realidad cotidiana oculta o suaviza. En las películas, sostiene, aparece una dimensión "más real que la realidad", ese punto incómodo que preferimos no enfrentar en nuestra vida diaria. Su análisis se apoya en el psicoanálisis de Freud y, sobre todo, de Lacan, pero evita el tono académico clásico. Cuando explica el concepto de El Gran Otro —esa instancia social que nos observa y regula lo que deseamos—, Žižek recurre a ejemplos tan dispares como una de las cintas más personales de Carpenter, Están vivos, o el cine de Hitchcock para mostrar cómo el poder y la ideología operan de forma invisible. En ese sentido, el cine no solo entretiene: educa emocionalmente. "El problema no es si nuestros deseos se cumplen, sino cómo sabemos qué desear realmente", señala en el documental. La frase conecta con una preocupación contemporánea: hasta qué punto nuestras aspiraciones son propias o han sido dictadas por imágenes, relatos y narrativas dominantes. Convertido en una superestrella intelectual, Žižek sigue defendiendo que pensar el cine es una forma de pensar el mundo. En una época saturada de pantallas, su mensaje resulta tan incómodo como vigente: para entender quiénes somos y qué queremos, quizá haya que mirar menos la realidad y más de cerca a las ficciones que la moldean.

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