Sofía Balbuena gana el premio Ribera del Duero: «La vida interior de las mujeres es lo más importante del mundo»
2026-03-19 - 12:30
Sofía Balbuena, nacida en Salto en 1984 y conocida por obras como 'Borracha menor' o 'Sutura', ha sido galardonada con el IX premio Ribera del Duero de Narrativa Breve por su obra 'Personaje secundario' , un libro de cuentos que el jurado describe como una «joyita osada, atrevida y rompedora». La victoria de Balbuena subraya el auge de una literatura que explora las grietas de la normalidad con un humor afilado y sin concesiones. El premio, fallado por un jurado de excepción compuesto por Juan Gabriel Vásquez, Nuria Barrios y Paulina Flores, marca el ascenso definitivo de una autora que sabe transformar la observación minuciosa de lo cotidiano en un acto de insurgencia narrativa. La noticia de su triunfo llegó con una puesta en escena que roza lo cinematográfico. Juan Casamayor, el editor de Páginas de Espuma, la llamó para comunicarle el veredicto con una de esas frases que quedan grabadas en la memoria: «Tengo dos noticias, una buena y una mala». Balbuena, que lleva el escepticismo como una armadura natural, se preparó para el golpe. «Yo estaba emperrada en que me dijera la mala, convencida de que había perdido», confiesa ahora, con la distancia del alivio. «Me decía: 'Sofía, escucha. La mala es que vas a tener que hacer mucha promoción, pero la buena es que ganaste'». La anécdota surge como el reflejo de una autora que, incluso en el umbral del éxito, mantiene la guardia alta frente a las expectativas del mercado. El origen de 'Personaje secundario' se sitúa en un paisaje muy distinto al sol madrileño: las llanuras de Iowa, en Estados Unidos. Allí, mientras cierra un ciclo de dos años en un prestigioso programa de escritura creativa, Balbuena experimenta un agotamiento creativo que, paradójicamente, se convierte en el motor de su obra premiada. «Había terminado de escribir 'Borracha menor', y no tenía ánimos de embarcarme en un proyecto largo o ambicioso. Estaba un poco cansada y prefería algo más corto», relata. Lo que comienza como una serie de entregas académicas se transforma rápidamente en un descubrimiento formal. Al escribir el primer cuento y, casi de inmediato, el segundo, percibió un latido compartido: «Un corazoncito que compartían los dos relatos». La obrase despliega como un mapa de «vasos comunicantes» que exploran la periferia de la experiencia. A través de cinco cuentos, Balbuena disecciona las vidas de mujeres que habitan una «meseta» de aparente calma: una joven que limpia un bar, una dependienta de comercio o una profesora de español. La trama reside en la efervescencia de sus mentes; en esos pensamientos intrusivos y brotes ansiosos que nacen de lo cotidiano. Es un libro que anuda mensajes sobre la sensibilidad y los claroscuros de los vínculos, utilizando la ficción para nombrar aquello que solemos callar por vergüenza. «Para mí era fundamental que fuera un libro: no fueron cuentos que tenía por ahí y los junté, sino que los escribí pensando en cómo hablaban los unos con los otros sobre temas que comparten». Uno de los aspectos más fascinantes del tránsito de Balbuena hacia este libro es su ruptura con la autorreferencialidad. Tras años dedicada al ensayo personal y a la autoficción, la autora descubre en la «ficción estricta» una libertad que llega cargada de nuevas sombras. Existe una paradoja en su relación con la intimidad: aunque en la autoficción expone su propia vida, es en la invención pura donde siente que el riesgo es mayor. «La ficción te hace prestar atención a otro mundo. A veces me da incluso más pudor que la no ficción, porque siento que en la ficción he puesto mi morbo más oscuro, las cosas más raras que me imagino. Me da más pudor mi imaginación que las cosas de mi propia vida que termino exponiendo», admite. Ese «morbo oscuro» y esa imaginación desatada se canalizan en el universo interno de las mujeres, un territorio que Balbuena defiende con una ferocidad casi política. Para ella, el mundo interno de sus amigas, su madre o su hermana es lo más fascinante y complejo que existe. Sus cuentos capturan ese «revoloteo de emociones» que la sociedad suele tachar de irrelevante o excesivo. Habla de la amiga que se arrepiente de un mensaje, de los pensamientos intrusivos que desembocan en crisis ansiosas, de esos «mundos internos en efervescencia que nos llevan a acciones que no queríamos y de las que no hablamos para no reconocer que estamos un poco locas». «Para mí la vida interior de las mujeres es lo más importante del mundo», afirma Balbuena con contundencia. «El mundo interno de mis amigas, mi madre, mi abuela o mi hermana me parece lo más fascinante y complejo que existe». En un contexto social donde a menudo se acusa a las mujeres de «pasarse tres pueblos» o de ser demasiado intensas, Balbuena se planta: «A mí no me van a decir que me calle ni que las cosas que me parecen importantes no lo son. Voy a hacerme espacio como sea, incluso a los empujones. No le tengo miedo a nada, y menos a un fascista; no voy a hacer concesiones sobre mis intereses». Balbuena se muestra especialmente afilada cuando se le pregunta por las etiquetas de género en la literatura. Su rechazo a la categoría de «literatura femenina» es absoluto y argumentado. «¿La literatura que trata de hombres es masculina o es simplemente literatura? Nombrar algo como 'literatura femenina' implica una contraparte y me parece que es bajarle el precio a la obra», sentencia. Sus personajes, aunque anclados en lo femenino, apelan a una sensibilidad universal que transciende cualquier gueto editorial. Su apuesta es por el realismo, pero un realismo que no teme mirar donde otros apartan la vista. En esta exploración, la autora se apoya en la «teoría de la bolsa» de Ursula K. Le Guin para explicar su interés por lo no heroico. Frente a la narrativa clásica del hombre que sale a matar al mamut, Balbuena elige la narrativa de quienes se quedan, de quienes recolectan, de quienes habitan la «meseta» de la normalidad. Sus protagonistas son mujeres corrientes: la dependienta, la limpiadora del bar, la profesora de español. «Si miras ahí, hay un mundo fascinante que es el que yo quería contar», explica. Para ella, en un mundo que idolatra al héroe blanco que salva el planeta —algo que ella califica con humor como «ficción fantástica»—, prestar atención a lo desatendido es el acto más radical posible. El proceso creativo de Balbuena es, además, una actividad física. La escritora confiesa que camina sola por la calle mientras habla en voz alta, probando nudos narrativos y dando vida a sus personajes en un plano no material. Utiliza auriculares sin música como una suerte de camuflaje social: «Me pongo auriculares sin música para que no piensen que estoy loca». Es en ese caminar constante donde las palabras aparecen, donde el cuerpo activo permite que la cabeza se disocie y ponga a prueba la resistencia de sus ficciones. Además, Balbuena defiende la intimidad como el último reducto de libertad absoluta. «En la intimidad no se puede censurar», afirma tajante. Le interesa ver qué sucede cuando lo público intenta apropiarse de una conversación privada para juzgarla. Critica la idea de una identidad estática y juzgada a través de clips fuera de contexto. «No creo que uno sea de una sola forma 'en realidad'. Somos muchas cosas a la vez y cambiamos... Leer las cosas fuera de contexto es un error político y, a menudo, una vileza para castigar a alguien». Sobre el estado de la industria y la proliferación de premios, Balbuena mantiene una mirada lúcida. Reconoce que el sector está sobrepoblado, pero subraya la importancia de sellos como Páginas de Espuma, que saben leer el cambio en el medio y mantener el prestigio a través de una selección rigurosa. Ganar, para ella, es sobre todo una «alquimia extraña», el encuentro afortunado entre su mensaje y la sensibilidad de un jurado en un momento concreto. Sofía Balbuena termina la entrevista con la misma serenidad con la que empezó. Sabe que su libro, 'Personaje secundario', ya no le pertenece solo a ella. Pronto llegará a las manos de lectores en España, Argentina, México, Chile y Colombia, y también en formatos digitales. Mientras tanto, ella seguirá caminando por Madrid, con sus auriculares apagados y sus ojos abiertos, recolectando en su bolsa de ficción todas esas pequeñas insurgencias cotidianas que conforman la verdadera materia de la literatura. Porque, como ella misma defiende, a los empujones si hace falta, siempre habrá un espacio para hablar de lo que realmente importa: la inabarcable complejidad de la vida interior.