Soy una pringada irrita Telecinco: "Todo lo que haga un tío está mal y todo de una chica está bien"
2026-02-18 - 07:23
“Como alguien me llame Esty Quesada en cualquier cosa me suicidaré en directo y os pondré en mi nota de suicidio”. La cabeza explota a los contertulios habituales de El Tiempo justo al escuchar a su nueva compañera, Soy una pringada, que acaba de estrenarse en Telecinco y ya lanza una perorata. Huye de su nombre completo, ella prefiere su nick para las redes sociales. “Vengo de la generación de Internet, todo está grabado, todo está capturado”, resume a Joaquín Prat, que baila dialécticamente muy bien con Esty. Sabe que el lenguaje de los podcast y la televisión cambia. Y estando a la defensiva la mezcla no funcionará. No pasa lo mismo con algunas colaboradoras de la mesa, que juegan al choque dialéctico de las tertulias de Telecinco de hace diez años y no se percatan de que la presencia de Soy una pringada va más allá del dime y direte. Sus salidas de tono atesoran la provocación de la ironía a la que no siempre acostumbraron las ideas básicas del debate por el debate sobre las vidas ajenas. “Todo lo que haga un tío está mal y todo lo que haga una chica está bien”, suelta Esty. Frase para estampar en camisetas. Los nacidos en la viralidad son así: acuñan titulares listos para enmarcar. A su derecha, reaccionan con cabreo. “¡Qué razonamiento!”, exclama Maria Eugenia Yagüe. Encarnando a la espectador que no lo pilla. A su izquierda, Leticia Requejo, parece fascinada con el personaje. Quizá porque sabe que le acerca a otros mundos que requiere el Mediaset de hoy. También lo transmite Joaquín Prat. Toca jugar más que irritarse. Incluso toca entender la profundidad de la aparente superficialidad de un personaje tan marcado como Soy una pringada que, a priori, nace de la ira de la incomprensión y que se ha quedado porque representa el brutalismo irónico que, al final, se hace querer. Prat presenta un vídeo en el que se muestra a Esty entrando en Telecinco con el repotero Iván García. Rápido salta la ala oeste de la mesa: “Pero es tonto, es un tío, acuérdate”. Como si Esty no tuviera respuesta rápida para todo: “Si es gay, menos, pero aún así también”. La risa se escucha en el plató. Los dardos de Soy una pringada van unidos a una media sonrisa que ilumina su cara. No es una freak, como pueden pensar los que no controlan de los ecosistemas de los podcast y están habituados a una tele que se reía de lo que se salía del carril de los buenos modales aceptados socialmente. La diferencia es que aquí hay más profundidad, existe vida inteligente. La disrupción de Esty esconde una mirada comprometida y contestataria al mundo. Se nota cuando Iván García lleva a la streamer por el pasillo más famoso de Telecinco. Ella, trolea. Él, replica rápido para evitar silencios incómodos. -"¿Qué piensas que puedes aportarnos?". -"Hoy poca cosa porque tengo muchísimo sueño". En la televisión tradicional hay que pensar que te comprendan (casi) todos los públicos, en el podcast ya van directamente tus aliados que te permiten todo. Hasta barbaridades que no aceptaríamos de otros. Al final y al principio, siempre somos fruto de los entornos. De ahí que puede parecer que Esty no concuerde en El tiempo justo. Le falta ese contexto de aliados. Pero, en una televisión de contertulios previsibles que hablan mucho pero cuentan nada, Soy una pringada termina destacando porque va por libre. No es una mercenaria de la palabra. Así remueve el avispero, que es lo que necesita Telecinco: salir de su burbuja. Y, de repente, percatarse de que los dardos de una chica, con la cara maquillada con sangre saliendo de su nariz, logra análisis bastante más astutos que tantos repeinados que se visten por los pies y que están atascados en una tele que ya no existe. El enfado con el planeta de Esty habla más de ellos que de sí misma.