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Susana Gaytán, neurocientífica: «Mi tesis la hice con ratas macho y con ese sesgo se ha hecho la ciencia hasta hace poco»

2026-03-22 - 06:10

Susana Gaytán es doctora en Neurociencia y vicepresidenta de la sección andaluza de la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas. Forma parte del grupo de investigación de Ingeniería Biomédica de la Universidad de Sevilla, de la que es profesora titular de Histología, y acaba de participar en la Semana del Cerebro de la Universidad de Sevilla. Se declara feminista y cree que aún queda mucho camino por recorrer en el camino de la igualdad, especialmente en el campo de la ciencia. - Ha presidido hasta hace muy poco la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas de España. ¿Por qué las mujeres siguen siendo minoría en las carreras STEM o tecnológicas? -Hay que picar todavía mucha piedra porque la humanidad se enfrenta a problemas demasiado graves como para desperdiciar tontamente la mitad del talento humano. Hay que luchar contra las condiciones del entorno que hacen que muchas mujeres no estudien estas carreras. No sé los datos exactos, pero las ingenierías siguen siendo carreras muy masculinizadas. Sé que la tasa de matriculación femenina despegó hace algunos años en España, pero ha vuelto a caer. Algo estamos haciendo muy malamente. -¿Esto es un problema familiar o cultural? Porque no creo que los padres actuales disuadan a sus hijas de estudiar este tipo de carreras. -Es evidente que la información que recibe de las chicas es diferente al de los chicos durante su proceso de socialización. Y eso va desanimando a las chicas y hay datos que demuestran que a partir de los 6 años muchas niñas ya empiezan a asumir que son más trabajadoras pero menos listas que los niños. Y que las matemáticas no son para ellas. El país donde hay más proporción de ingenieras en el mundo es Malasia, un país del sudeste asiático con religión islámica. ¿Por qué? Porque las familias vieron desde el minuto uno que las empresas tecnológicas eran trabajos muy limpios y recondujeron a las niñas hacia esos estudios. - ¿Cuál cree que es la razón de que eso lo vean los padres de Malasia y no los españoles o franceses? -No tengo ni idea. Pero creo que un componente muy importante que aquí no haya un entorno seguro o estable para la ciencia. La pérdida de estudiantes se produce también en chicos y está asociada a que son carreras muy largas en el sentido de la estabilización. Dedicarse a la investigación significa inestabilidad laboral hasta los 45 ó 50 años. No hemos mimado el entorno del conocimiento científico como para que resulte una carrera atractiva. El horizonte de un futbolista es más atractivo que el de un científico. A pesar de eso, en España se hace una ciencia superbuena. La ciencia española lleva aportando mucho talento a la humanidad y prueba de ello es que el segundo libro traducido a más idiomas después de la Biblia es «El sistema nervioso de los vertebrados», de don Santiago Ramón y Cajal. Todos los equipos que ha formado Pepe López Barneo en el IBIS son referentes en Europa. -Muchos jóvenes investigadores tienen que irse fuera y luego no pueden volver... -Sí, pero tenemos un buen tejido científico, a pesar de que no se le ha mimado. Muchos de mi generación tuvimos que irnos fuera, pero eso era positivo porque formaba parte de tu formación. Con todo y con eso, yo he criticado siempre un poquito esa catetez de «yo me he ido fuera». A mi alumnado se lo decía que revisara muý bien dónde se iba. -¿Por qué? -Porque fuera hay tres tipos de laboratorios básicos: iguales a los españoles, mejores que los nuestros y peores que los nuestros. Hemos sido muy duros con lo nuestro. -¿Por qué cree que no ganamos ningún premio Nobel de ciencia desde Severo Ochoa? -Hay sesgos culturales en quienes dan los premios. Y también de género, ¿qué tiene que hacer una mujer para que se lo den? -¿Hay un sesgo machista en los Nobel científicos? -No digo que los que lo han ganado no se lo merezcan, pero digo que hay más gente que no lo ha recibido y se merecería igualmente. Y está demostrado que los artículos publicados con nombres femeninos tienen más tiempo en la sistema de evaluación. Cuando son autoras, el proceso de evaluación es más largo. Hay machismo en la ciencia y en la sociedad, en general. -¿Cree que estamos ahora en un momento de retroceso en este campo tras los grandes avances de las últimas décadas? -No tengo datos estadísticos, no puedo apoyarlo con números, pero yo hago mucha divulgación por los colegios. Y es verdad que a lo mejor en los últimos 5 ó 6 años noto un recrecimiento de cosas que yo ya no pensaba que tendría que justificar. Por ejemplo, la tontería del tipo de la descalificación por tener o no un cromosoma «Y». Eso no se veía antes en las aulas de Secundaria, o yo no me las he encontrado. Por ejemplo, me dicen: «¿Y para cuándo un Día del Niño en la ciencia?». Cuando con el Día de la Niña en la ciencia estamos intentando visibilizar el trabajo de estas mujeres científicas porque no aparecen en los libros de texto. Y nada más. Tengo la sensación de que un terminado grupo de muchachos y algunas de las muchachas de primero y segundo de la ESO han tomado por cierta la información que se ha transmitido por las redes sociales de que las mujeres no valen para la ciencia. -¿Le preocupa este resurgir de cierto machismo en niños de 12 ó 13 años? -Me preocupa sobre todo el uso inadecuado en eso que llaman información. Me preocupa esa intoxicación por información. Los niños toman por información lo que les llega por WhatsApp o TikTok. Y me preocupa esta tendencia hasta el punto de que he cambiado mi forma de pensar. Antes decidí que no me iba a sentar jamás en una mesa de debate con un antivacunas o un terraplanista. Dije que no iba porque con mi presencia estaba legitimando en cierta manera la «alternativa», que no es tal, porque son hechos falsos. Pero ahora he recogido velas y sí debato con ellos porque si no se hace, se quedan con todo el relato. - ¿Las redes sociales pueden tener entrenados sus algoritmos con un sesgo machista? -Sí. No tengo datos pero estoy seguro de que es así. El algoritmo lo hace un ser humano con orejas que es de esta generación y de esa sociedad. Y que juzga mal, por ejemplo, las caras afroamericanas. Que el algoritmo no tenga muchos datos en España de estas caras, puede entenderse. ¿Pero en Estados Unidos? Los sesgos están ahí y el algoritmo provoca sesgos. A veces se utilizan una serie de palabras que necesariamente te van llevando a un sitio concreto. Empiezas con comida y termina llevándote a porno. Empiezas con cosas absolutamente blancas que te va llevando a lo que el algoritmo de las redes sociales sabe que enganchan. Es que estamos hablando de una generación que está aprendiendo el sexo con el porno, que es como aprender a conducir con «Fast and Furious». Yo no demonizo nada pero quisiera un marco legal seguro. -Dice la ingeniera informática María José Escalona que la IA funciona con sesgos machistas que priman la fisiología del hombre sobre la de la mujer. -Y la ciencia, en general. Eso se ve en las tasas de mortalidad o en enfermedades femeninas como la endometriosis, porque se ha hecho mal la ciencia. Yo hice mi tesis entera con ratas macho. Las hembras eran artefactos. A partir de 2015 se obligó ya a hacer todas las investigaciones con ratas macho y ratas hembra. Los problemas a los que nos enfrentamos son demasiado graves para perder la mitad del talento de la humanidad.

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