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Tómense en serio lo de los tecnooligarcas

2026-02-10 - 05:56

Mensaje de partida para quienes profesan la religión antisanchista: no todo lo que hace el presidente del Gobierno es políticamente repudiable y hay momentos en los que Pedro Sánchez, por usar su jerga rimbombante, sí se pone en el lado correcto de la historia. El ejemplo más reciente es el de su pelea dialéctica con las plataformas tecnológicas que capturan todo nuestro tiempo y atención con su oferta de diversión infinita en redes como Instagram, Facebook, X, TikTok o Whatsapp. Lo hará por las razones electorales que queramos (en política es clave encontrar un buen villano al que enfrentarse, más si cabe cuando ves en Aragón y en Extremadura que te estás hundiendo poco a poco), pero el dirigente socialista ha hecho una lectura correcta de la situación. Una lectura que comparte con la Unión Europea, bastión del Estado de derecho frente a estos depredadores tecnológicos ahora aliados con Donald Trump. He escrito decenas de comentarios, artículos y hasta un libro, La tiranía de las naciones pantalla (perdón por la autocita), en el que ejerzo una crítica severa sobre los señores feudales de internet y el daño que están causando a los ciudadanos con sus modelos de negocio. Así que, por mucho que sea crítico con Sánchez en tantos otros asuntos, no puedo negar que tiene razón en su enfrentamiento con los tecnooligarcas. Como sociedad, aún nos debemos el debate de cuál debe ser nuestra relación con unas plataformas que nos mejoran la vida en muchos aspectos, pero cuyo reverso tenebroso está destrozando el alma de nuestras comunidades por el modo en el que alimenta la desinformación y los discursos de odio, por el destrozo de nuestra capacidad de atención y concentración y por las colosales violaciones de la privacidad de sus cientos de millones de usuarios. El reverso tenebroso de las plataformas está destrozando el alma de nuestras comunidades En este punto, como españoles, y como europeos, ya no podemos perdernos en discusiones estériles sobre las buenas o malas intenciones de estos caudillos de banda ancha con sus señuelos de memes y vídeos sin fin. Toda nuestra energía y nuestro esfuerzo debe enfocarse en cómo controlarlas... para que estas no controlen a los ciudadanos. No hay más. Puede sonar distópico, pero no lo es.

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