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Tarik Saleh, director de 'Águilas de El Cairo': «Si algo aprendí de Hollywood es que tienes que cumplir las expectativas del público»

2026-03-12 - 20:13

Una escena de 'Águilas de El Cairo' resume una historia con tantos giros de guion como debe tener cualquier buen thriller de acción. Ahí aparece el protagonista, el 'Faraón', el actor más popular de Egipto, un millonario que vive en mitad de un régimen dictatorial sin meterse en líos hasta que su representante le suelta la bomba: «Van a ir a por ti diciendo que estás a favor de los derechos humanos y de la democracia». El 'Faraón' se queda impactado. « ¿Qué democracia? ¡Yo soy trotskista! », replica. «Pues ahora lo que te va a tocar decirles es que eres capitalista. Y que les vamos a pagar. Hazlo por mí... Adoro mi Jaguar». 'Águilas de El Cairo' está lejos de ser una comedia, pero tiene el humor interno necesario para que todo sea soportable, algo así como el humor cínico que emerge en cualquier sociedad bajo una dictadura, donde si no hubiera algo de humor negro todo saltaría por los aires. Lo reconoce Tarik Saleh , director de la película con la que cierra su trilogía tras las exitosas 'El Cairo confidencial' y 'Conspiración en El Cairo' . «La realidad supera en el absurdo a cualquier cosa que pudiera poner en la película», cuenta a ABC durante su paso por Madrid. Porque Tarik Saleh, sueco de origen egipcio y que lleva una década sin poder visitar el país de su progenitor, explica que parte de la trama tiene mucho de realidad, aunque tuvo que contenerse para que su guion no pareciera un disparate. La historia (que se va complicando en una espiral de maldad agónica con los elementos del mejor cine negro) comienza con el encargo al actor más popular, al que llaman el 'faraón de Egipto', de protagonizar una película que narre la llegada al poder tras el golpe de estado de 2013 del militar Abdelfatah Al Sisi (conocido en las páginas de política internacional como 'el faraón'). Una hagiografía que el intérprete trata de rechazar hasta que los militares lo 'encauzan' con alguna detención aleatoria en su entorno y amenazas poco sutiles. Acaba accediendo, claro, soportando varias mentiras para evitar el deshonor público a cambio de sobrellevar la verguenza privada. Tarik Saleh empieza a reírse para explicar lo que se esconde tras el «basado en hechos reales». «Te voy a contar lo que pasa realmente: en Egipto, el Ejército controla el 30% de la economía del país, pero lo innovador cuando Al Sisi llegó al poder es que decidió que a la 'empresa' se le unieran también las cadenas de televisión privadas y la industria del cine, teniendo en cuenta que Egipto es el Hollywood de la región. Pues bien, tardaron tres o cuatro años en hacerse con los estudios, pero cuando lo hicieron, empezaron a rodar películas y series patrióticas y 'morales' [nada de alcohol, nada de besos inmorales, mucha religión] y una de las series que hicieron es 'La elección', que narra el ascenso de Al Sisi al poder. Piensa que es un hombre que mide 1,66 metros y es calvo total, como yo. Y para interpretarlo... contrataron a un actor muy alto y con muchísimo pelo –se empieza a reír a carcajadas–. Se llama Yasser Galal, allí es muy famoso. Pues para que veas que la realidad supera la ficción, el año pasado a ese actor que interpretaba al presidente le dieron un premio y lo eligieron diputado del Parlamento...». Aquí ya Saleh corta la risa y cambia el gesto por el de frustración. Porque como decíamos, 'Águilas de El Cairo', pese a todo lo surrealista, no hace gracia. Es un verdadero thriller opresivo cargado de tensión y emoción, donde se pone entre la espada y la pared a todos sus personajes, a los que el régimen exprime. Y no solo a los protagonistas con los que empatiza el espectador, también a los propios militares y a sus familias. Porque bajo una dictadura, todos tienen que aparentar y todos son susceptibles de que alguien les llame 'traidor'. Todos, salvo un tipo gris que aparece al fondo, alguien con pinta de burócrata que es el único en la película con la capacidad de decir la verdad: el escudero del presidente. «Está en un segundo plano, pero es el verdadero antagonista y el único poderoso de verdad porque solo él tiene el poder de decir la verdad. Y en un mundo como el actual, alguien que puede decir la verdad es alguien extremadamente poderoso». Verdades como las que Saleh va dejando caer en el guion de la película sobre un régimen que trata de imponer una realidad que le supera. Como ese cine patriótico vigilado por la censura (tres mujeres con velo y el Corán en la mesa deciden el corte final de las películas) en un país donde lo que más se ve son las «inmorales series turcas». «Lo desastroso es que esas series turcas están dobladas con actores sirios, no egipcios, y eso ha creado una crisis existencial porque Egipto es el Hollywood de la región y de pronto lo que se ve y triunfa son series que hablan el dialecto árabe sirio... Así que allí están como en Hollywood con todo el contenido de Corea del Sur, muertos de miedo», explica el director entre otra sonora carcajada. Y Saleh sabe de lo que habla. Él ha rodado series y películas en Hollywood gracias a su buen hacer desde Suecia y Europa con el thriller. «Si algo aprendí de Hollywood es que tienes que cumplir las expectativas del público, atenderlo de esa manera. Allí, los productores, los financieros, los estudios, no hablan de una película en términos de si es buena o mala, sino de si cumple las expectativas del espectador. Y por eso yo soy muy estricto cuando hago cine de género, porque me importa realmente el contrato que tengo con el público que va a ver este tipo de filmes y saben lo que quieren encontrarse», remata. 'Águilas de El Cairo' también busca contar una realidad poco explorada a ojos de Europa: la de «dictadura olvidada». «Egipto es una dictadura moderna, una dictadura que cae bien a Europa. Uno de mis mejores amigos es Ali Abbasi, cineasta iraní nacionalizado danés. Y a veces le digo en broma que qué suerte por venir de una dictadura que todo el mundo en Europa odia, porque así todo el mundo entiende lo que cuenta». En Egipto, el régimen no es más benévolo –«te siguen sacando de tu casa por la noche si denuncias la corrupción del Ejército o de la escuela»–pero como tienes un Starbucks, tienes centros comerciales, funciona la Bolsa... Para la gente que gobierna el mundo no pasa nada». Por eso Al Sisi ha recibido honores en Dinamarca o Francia: «Prometió cerrar el paso de la inmigración Africana por la vía de Egipto», cuenta. «Creo que eso es no tener altura de miras. En Europa la población envejece. En Suecia, por ejemplo, la media de edad es de 44 años y en Egipto es de 24. La gente joven está enfadada, quieren un futuro, quieren un mañana. Cuando se decidan a tomar su destino entre sus manos, que lo harán, ¿qué papel jugará Estados Unidos y Europa? Yo me acuerdo todavía de la Primavera Árabe, donde los jóvenes pidieron democracia y libertad como la que había en Europa y el mundo no hizo nada por ayudarlos».

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