TheSpaineTime

Teresa Herrero, coach de gestión emocional: "Decir que sí a todo es una manera silenciosa de decir que no a uno mismo"

2026-01-25 - 21:05

Cada vez escuchamos más a menudo decir a los expertos que tenemos que aprender a decir que no cuando la ocasión lo requiera, aunque se trata de un ejercicio difícil de interiorizar. Y es que durante años, decir que sí a todo se ha interpretado como un signo de compromiso, profesionalidad y buena actitud. Estar disponible, responder rápido y asumir múltiples frentes a la vez se ha normalizado hasta convertirse en una exigencia tanto externa como interna. Sin embargo, la mala noticia es que esta creencia tan afianzada en la sociedad es falsa, y decir que sí a todo tiene un coste emocional que muchas personas empiezan a notar en forma de estrés, cansancio mental y sensación constante de urgencia. "Asumir muchas tareas aunque estemos asfixiados, el llamado multitasking, no es solo una forma de trabajar, es una forma de relacionarnos con nosotros mismos", explica Teresa Herrero, coach en gestión emocional. Cuando decir 'sí' a todo esconde el miedo a decepcionar Cuando decimos que sí a todo, muchas veces no lo estamos haciendo desde una elección consciente, sino desde el miedo a decepcionar a los demás, a no cumplir expectativas o a sentir que no somos suficientes para el resto. Y eso es un problema, según advierte la coach. Ejemplos de este funcionamiento tan preocupante son muy comunes en el día a día: responder correos mientras se asiste a una reunión, contestar mensajes de trabajo fuera del horario laboral, aceptar tareas 'rápidas' que interrumpen lo que ya se estaba haciendo o mantener varias conversaciones abiertas a la vez mientras se intenta concentrar... ¿A quién no le suena? En palabras de Herrero, "el cerebro no está preparado para sostener ese cambio constante de foco sin pagar un precio por ello. Cada interrupción supone un pequeño esfuerzo invisible que, acumulado, genera agotamiento. Muchas personas llegan al final del día con la sensación de haber estado ocupadas todo el tiempo y, aun así, no haber avanzado. Ese cansancio no viene de trabajar mucho, sino de trabajar sin atención. La mente está activa, pero dispersa". El multitasking no es algo 'bueno' ni 'positivo' En un entorno hiperconectado, el multitasking se ha normalizado hasta convertirse en una forma habitual de funcionamiento. Responder correos mientras se atiende una reunión, alternar tareas sin pausa o estar pendiente de múltiples estímulos al mismo tiempo se vive como algo inevitable. Sin embargo, este hábito sostenido en el tiempo "no solo afecta al rendimiento (para mal), sino que tiene un impacto directo en la salud emocional, alterando la capacidad de concentración, elevando el nivel de estrés y generando una sensación constante de saturación mental. Lejos de ser una habilidad, el multitasking tiene consecuencias claras en el día a día. Primero, "disminuye la productividad real. Pero también incrementa el estrés y la ansiedad porque la atención fragmentada mantiene al sistema nervioso en alerta constante. Por si fuera poco, la falta de foco favorece descuidos y olvidos, aumentando los errores, y genera fatiga mental". La dificultad para poner límites, nuestro gran enemigo Más allá del impacto cognitivo, el multitasking suele estar profundamente ligado a la dificultad para poner límites. "Aceptar reuniones sin agenda clara, responder mensajes de forma inmediata o asumir más tareas de las que caben en una jornada no siempre responde a una exigencia real, sino a hábitos interiorizados y creencias muy arraigadas. En sesiones de coaching es muy habitual escuchar frases como: ‘tengo que contestar, ¿cómo no voy a contestar?’", explica Herrero. En este sentido, la experta pone el ejemplo del uso del whatsApp en el trabajo: "Hoy damos por hecho que un mensaje requiere una respuesta inmediata, cuando hace no tantos años eso no era así. Antes del whatsApp, nadie esperaba una contestación al instante, y el mundo seguía funcionando". Según la coach, esta urgencia no escrita genera una presión constante y refuerza la idea de que estar disponible es una obligación. "La pregunta correcta no es por qué no contestar, sino por qué sentimos que debemos hacerlo siempre y al momento. Aprender a decir no es una de las partes más complejas —y más necesarias— del proceso. Decir no no es rechazar al otro, es posicionarse". ¿Por qué sentimos incomodidad y miedo al conflicto al decir 'no? Está claro, según la coach, que hay que trabajar en saber decir no a interrupciones innecesarias, a demandas poco claras o a expectativas surrealistas, "para poder decir sí a lo que realmente importa. Decir sí a todo es una manera silenciosa de decir que no a uno mismo". Sin embargo, este aprendizaje suele generar incomodidad, culpa o miedo al conflicto, especialmente en entornos laborales muy exigentes. Poner límites implica también revisar automatismos cotidianos: no responder de inmediato cuando algo no es urgente, proteger bloques de tiempo para tareas que requieren concentración o atreverse a pedir claridad antes de aceptar una nueva responsabilidad. "El límite no es una barrera rígida, es un marco que ordena. Y cuando hay orden, baja el estrés y aumenta la sensación de control. Frente a este modelo de saturación, el monotasking se plantea como una alternativa saludable: centrarse en una sola tarea". Y concluye: "Aprender a priorizar, tolerar la incomodidad de no estar siempre disponibles y aceptar que no todo requiere una respuesta inmediata forma parte de este cambio de mentalidad. Al principio cuesta, pero a medio plazo devuelve claridad, foco y una sensación real de avance. En un entorno saturado de estímulos, entrenar la atención y revisar los límites se convierte en una necesidad emocional. El monotasking no es solo una forma de trabajar mejor, sino de vivir con más presencia. Cuando dejamos de hacer todo a la vez, empezamos a estar de verdad donde estamos”.

Share this post: