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Therians y 23-F

2026-02-27 - 11:13

Hay algo revelador en que dediquemos horas a debatir sobre los therians o sobre el último episodio viral de un mono llamado Punch, mientras los problemas estructurales del país avanzan sin recibir la misma atención. No se trata de censurar lo anecdótico, sino de señalar la desproporción: lo llamativo ocupa el centro; lo importante queda relegado a la periferia. La conversación pública funciona por oleadas. Un fenómeno extravagante irrumpe, provoca indignación o burla, monopoliza tertulias y redes sociales y desaparece pocos días después. Opinamos con rapidez, nos alineamos, ironizamos. Y el ciclo vuelve a empezar. En España, asuntos como la corrupción, las infraestructuras ferroviarias, la situación de los autónomos o la financiación autonómica siguen sobre la mesa. Ninguno de ellos se resuelve con una polémica viral ni admite soluciones simplistas. Requieren análisis, debate sostenido y voluntad política. Incluso cuando surge la oportunidad de profundizar en nuestra historia democrática, el riesgo de superficialidad persiste. La desclasificación de documentos sobre el 23-F debería servir para comprender mejor aquel momento crítico y fortalecer nuestra cultura institucional. Sin embargo, puede quedar reducida a munición partidista y ser absorbida por el enfrentamiento inmediato. Lo más incómodo es que no podemos situarnos al margen de esta dinámica. Como sociedad, incluso quienes padecemos directamente esos problemas participamos en la rueda. Compartimos la polémica del día, reaccionamos antes de contrastar y dedicamos más energía a lo pintoresco que a lo estructural. El entorno mediático empuja, sin duda, pero también existe una responsabilidad individual en cómo distribuimos nuestra atención. Es más fácil detenerse en lo extravagante que afrontar lo que incomoda. Paola Gutiérrez. Madrid Soy cirujano general. La semana pasada fui testigo de los efectos de la huelga convocada por el personal médico en protesta contra la aprobación del anteproyecto de ley del estatuto marco. Es doloroso tener que comunicar a un paciente que ha esperado durante meses para una intervención que debe regresar a casa sin recibir tratamiento. Lamentablemente, he tenido que hacerlo. En consonancia con el Colegio Oficial de Médicos de Madrid, considero necesario reafirmar que los médicos necesitamos un estatuto profesional propio. Esto no se trata de clasismo ni de corporativismo. Nuestras competencias específicas no hacen que nuestra profesión sea más digna que la de otros profesionales de la salud. Sin embargo, sí implican una responsabilidad especial, una exigencia formativa rigurosa y una carga física y mental significativa. Esa es la razón por la que tantos médicos hemos reclamado una modificación del anteproyecto de ley que Mónica García presentará en las Cortes Generales. Quiero expresar mis disculpas a todos los pacientes afectados por la huelga. No tengo más palabras que las que reflejan la necesidad de esta acción, pero confío en que se reconozca la sinceridad y la buena voluntad que nos mueve a actuar así. Concluyo con una cita de George Eliot, quien afirmó que la «orgullosa sinceridad no resultaba desagradable porque iba acompañada de auténtica buena voluntad». Esa voluntad de contar con un estatuto propio tiene un único fin: garantizar la mejor atención posible a nuestros pacientes, incluidos aquellos que se han visto afectados por la huelga. Francisco J. Reinoso Lozano. Cuenca

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