Thiago Pitarch, el elegido
2026-03-12 - 12:43
Eran casi las 00.00 horas cuando Thiago Pitarch, caminando con total normalidad por la habitual entrada de los autobuses al Santiago Bernabéu, justo en la rotonda de Sagrados Corazones, se encontraba con su padre, se daban un cariñoso abrazo y se subían a un Opel Crossland X. Un humilde coche que dejó de fabricarse en 2024, cuyo coste rondaba los 20.000 euros y hoy se encuentra en el mercado de segunda mano por 10.000. Así de natural se fue Thiago ayer del Santiago Bernabéu, con una mochila en la espalda y una bolsa de plástico en la mano izquierda, como cualquier chaval que regresa de una excursión con el colegio mientras su familia le espera para recogerle en su humilde coche familiar. Sencillez del joven fuenlabreño de 18 años, que en solo tres partidos ha demolido la puerta del primer equipo: «Quiero hablar de... no sé cómo pronunciar su nombre, Pitarch. Me fijé en él con atención esta noche. ¡Qué partido! Corría por todos lados», dijo Henry, que comenta la Champions en CBS Sports, tras el inesperado 3-0 del Madrid al City. Arbeloa y su planteamiento, Valverde y su triplete, Courtois y su parada con los pies, el pase de Arda previo al penalti... El atropello de los blancos a Guardiola dejó unos cuantos nombres propios, pero por encima de todos ellos, el de un niño de 18 años que en enero de 2025, hace poco más de un año, jugaba en el Juvenil B. De ahí lo subió Arbeloa a su Juvenil A, tras jugar un amistoso ambos equipos que cautivó al salmantino, y este verano se lo llevó al Castilla. Un ascenso a cámara rápida que también le ha llevado al primer equipo en sus primeros meses de mayoría de edad. Xabi ya contó con él en algunos entrenamientos durante sus seis meses en el banquillo blanco y, de hecho, llegó a ser uno de los goleadores en el amistoso de pretemporada ante el Leganés en agosto del pasado año, pero el que le ha hecho debutar con los mayores y le ha dado un puesto en el once sin pestañear ha sido Arbeloa. 55 minutos ante el Getafe, 90 contra el Celta y 76 frente al City, superando a Raúl como el jugador español del Madrid más joven en disputar una eliminatoria de Champions. En los dos primeros partidos no estaba Camavinga, ausente por un problema bucodental. Ante los de Pep sí que estaba ya el francés, pero eso no fue óbice para que Pitarch sumara su tercera titularidad consecutiva, en una irrupción que a muchos les recuerda a la de González Blanco. «Entiendo que poner a un chico de 18 años en una eliminatoria así pueda generar dudas, pero el esfuerzo que pone, el compromiso... Representa a la cantera del Madrid, que tenemos que valorarla mucho más. Y si no se hace desde fuera, que lo hagamos desde dentro. Es muy importante tener en un vestuario canteranos que sepan lo que es el Real Madrid, como pasa con Carvajal. La ovación ha sido un gran premio a su partido», dijo Arbeloa tras el encuentro. Ante el City, Pitarch sumó un 94% de acierto en el pase (32 de 34 buenos), recuperó cuatro balones y ganó dos duelos, pero más allá de los números, el impacto mayúsculo del chaval fue el contagio que provocó en el resto de sus compañeros. Corrió para adelante, para atrás, hacia la derecha y también hacia la izquierda. Siempre ofrecía una ayuda y una línea de pase, como certifica su mapa de calor. Tampoco evitó ni un solo choque, ni se amilanó ante nadie, ni siquiera cuando le tocó defender a Haaland en un córner en la segunda mitad, ni tuvo vergüenza ninguna en agitar sus brazos para pedirle al Bernabéu que echara más fuego a la caldera de Champions en la que se convierte el estadio cuando suenan los acordes continentales. Parecía que llevaba siete años jugando en el Madrid y solo suma tres ratitos. «No se va a esconder y va a pedir el balón, seguro», avisó Arbeloa en los minutos previos al inicio del partido. Fue tal que así: «Me pide que tenga personalidad, que juegue como sé, que es lo que me ha traído hasta aquí. Que no me queme el balón, que corra, que luche... y eso es lo que intento hacer», explicó el chaval tras el 3-0, en el que se marchó ovacionado y coreado por el Bernabéu, puesto en pie ante su nuevo ídolo. Ni siquiera su error minutos antes de ser cambiado penalizó su actuación. También hay que tener ese golpe de suerte cuando irrumpes en la élite. En el 72, Thiago recibió un balón de espaldas de Courtois, aún dentro del área, y la presión de O'Reilly generó una pérdida que subsanó el belga con una de esas paradas que solo están en su cabeza: «Thiago retuvo demasiado. Le dije «pásamela, pásamela». Pero no pasa nada, al final ha hecho un gran partido y por suerte pude pararla», explicó Thibaut. El chaval, sabedor de que esa acción pudo costarle el 3-1 a su equipo, pidió perdón al Bernabéu. Hasta en su único momento de debilidad tuvo personalidad para levantar las manos. Thiago Pitarch, el elegido.