TheSpaineTime

Tiros al pie

2026-03-28 - 01:20

En el fútbol, como en la política, todo es tiros al pie («ad pédem litterae!», como dijo David Vidal) en España. Debe de ser nuestro sino. «Tiros a la barriga», fue la consigna de Azaña en Casas Viejas. «Tiros al pie», parece ser la consigna de los barandas del balompié. Lo de la política no tiene remedio. Lo del fútbol tampoco tiene remedio, pero se puede discutir. Somos el país donde el honorable Pujol no está físicamente para declarar en un juzgado, y, sin embargo, puede acercarse, tan terne, y en olor de santidad, a votar por Laporta en unas elecciones culés. La competición parece un Gamper de Hacendado, dicho en lenguaje tuitero, cuyas estrellas son los trencillas, ninguno de los cuales, por cierto, dio la talla para estar en el último, que fue el primero, Mundial de Clubes. Sin el Real Madrid, que aporta los pinchazos de TV al espectáculo, los trencillas tendrían que vivir de los calendarios que vendieran posando desnudos por Navidad. Bueno, pues el Real Madrid sigue siendo el equipo más perjudicado arbitralmente en las estadísticas. En la capital, el figurón del último derbi no fue Vinicius, con su doblete, sino un tal Munuera con su tarjeta roja a Valverde (uno de los protagonistas del campeonato), arbitrariedad (miente ferinamente en el acta sobre la situación del balón) defendida a coro por el orfeón de ratones de la Brunete mediática donde abreva el piperío. Ir al fútbol así en Madrid se hace como ir al boxeo en Nueva York en los años treinta. La prueba del mal cuerpo que se le quedó al tal Munuera al tomar la decisión fue su trotecillo de 'Platero' hacia la banda para darle una explicación a Arbeloa, con su aspecto entre Juan Ramón y el Santiago el Mayor de José Ribera con chupa de Louis Vuitton (para recibir al Bayern en el Bernabéu, ojalá una chupa de Buffalo Bill con las cabelleras de Mourinho, Guardiola y Simeone pinchadas en un cono). Que no había balón en la jugada, fue la explicación. Y a Arbeloa se le quedó cara de decir «I whis he would explain his explanation!» (palabras de lord Byron en la dedicatoria de su poema satírico 'Don Juan' a Coleridge), pero se calló porque el tal Munuera, quizás llevado de su admiración a Messi, no sabe inglés, y habría sido expulsado por hablar lengua extraña, como le ocurrió a Bellingham con este mismo trencilla, que cultiva un 'look' como de predicador de 'Deadwood', Henry Weston Smith (interpretado por Ray McKinnon en la serie de David Milch), pero sin la profundidad del Reverendo, claro. –Cuando leo las Escrituras, ya no siento el amor de Cristo como antes –dice en una escena el Reverendo a Calamity Jane (Robin Weigert). –Ay, ¿en serio? –responde Calamity–. ¡Qué lástima! ¡Únete al club de la mayoría! El tal Munuera es, desde luego, bastante más simple que el Reverendo H. W. Smith, y la Uefa y la Fifa (o quien sea que esté obligado a defender el fútbol) debieran preguntarse cómo es posible que un equipo que comete dos faltas en un derbi (¡dos faltas!) reciba por ellas dos tarjetas, una amarilla y una roja («una morena y una rubia», como en 'La verbena de La Paloma') sin llevarse un simple apercibimiento de sus jefes, que siguen disparándose en el pie de su propio negocio, en manos de unos personajes con caras de historieta de Ivà. –¡La cara, ministro! ¡La cara! –gritaba, según una leyenda, un ministro a Fraga, que también era ministro, al salir corriendo, en pernetas, hacia los coches oficiales, ante la llegada de una excursión de monjas a la playa. Los ministros habían parado para darse un 'cale', y en la 'huida' el prócer de Villalba se tapaba con las manos el marsupio. Porque a ver con qué cara se explica que el segundo equipo que menos faltas comete en la competición sea el primero en expulsiones. Con su disparo al pie del espectáculo en el derbi, el tal Munuera no expresó un error, sino una tendencia. Y para rematar los tiros al pie del negocio, el Parón de Selecciones, con la franquicia culé de nuestro Combinado Autonómico.

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