Tres disparos a bocajarro en plena ola de terror etarra: así fue hace 30 años el atentado que acabó con la vida de Tomás y Valiente
2026-02-13 - 14:25
Era una mañana más. Elías Díaz García, profesor de filosofía del Derecho, estaba al teléfono. Hablaba con otro profesor de su misma facultad, la de Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM). De repente, Díaz notó que al otro lado del hilo telefónico pasaba algo. Un silencio, luego un ruido extraño, "como de petardo" contó. Después sí, oyó dos disparos y luego nada. ETA acababa de asesinar a su interlocutor, a Francisco Tomás y Valiente. Fue el 14 de febrero de 1996. Ese día, la banda terrorista mató de tres disparos a bocajarro al magistrado y expresidente del Tribunal Constitucional. Sólo ocho días antes, ETA había asesinado a Fernando Múgica, histórico dirigente socialista en el País Vasco. Y en enero, los terroristas habían secuestrado al funcionario de prisiones José Antonio Ortega Lara. El asesino de Tomás y Valiente se hizo pasar por un alumno para aceder a su despacho en la Autónoma. Pasaban unos minutos de las 10:30 de la mañana. Una vez allí disparos tres veces sobre el profesor, tres tiros que quedaron incrustados en la estantería que quedaba a la espalda de su víctima (hoy en día se conserva en el sótano de la facultad). Quico era uno de los dos hijos del asesinado. Trabajaba como periodista en la Agencia EFE y allí se enteró de la muerte de su padre. Esa misma tarde habló ante los medios. "Simplemente quiero decir que la hora de mi padre ya está cumplida, que él ha muerto, pero ellos vivirán sin dignidad y que el objetivo de unos asesinos es simplemente matar y que eso es lo que han conseguido, solamente eso, pero nada más". En aquel entonces, Margarita Robles era secretaria de Estado de Interior. A la actual ministra le tocó dar los primeros detalles del asesinato: "Ha sido un individuo con la cara descubierta. Se ha dado a la fuga, siempre ha actuado a cara descubierta. En el despacho hay tres casquillos y hay muchos testigos presenciales". Aunque la identificación fue relativamente rápida, el asesino no fue detenido hasta más de tres años después, el 30 de septiembre de 1999, en Francia. Era Jon Bienzobas Arretxe, 'Karaka', un miembro del Comando Madrid de ETA. Apenas tenía 25 años cuando cumplió la orden de descerrajar tres tiros sobre el cuerpo de Tomás y Valiente. Su extradición a España tuvo que esperar hasta 2006. El juez Baltasar Garzón dictó, el 14 de mayo de 2007, una pena de 30 años de prisión para 'Karaka'. Juan Antonio Olarra Guridi, procesado por el magistrado como apoyo logístico de la operación, se libró porque sobre él no pesaban pruebas suficientes. La sentencia dictó también 400.000 euros de indemnización para uno de los hijos del profesor, Miguel, quien sufrió una "lesión degenerativa e invalidante" causada por el trauma del atentado. Además, para toda la familia se dictaron otros 500.000 euros de indemnización. Tras la muerte de Tomás y Valiente, algo tomó forma; algo que resultó definitivo para el fin de ETA. Empezó al día siguiente del asesinato. Para protestar y mostrar su indignación, un pequeño grupo de estudiantes de la Autónoma se pintó las manos de blanco. Cuentan que no tenían mucha pintura para escribir sobre muros y paredes y que se les ocurrió mancharse las manos para que cada mano manchara otra y otra... El gesto hizo fortuna y se convirtió en una forma efectiva de protestar contra ETA. Eso y el grito de "¡Basta ya!". El 19 de febrero, tres días después del asesinato, Madrid acogió una multitudinaria manifestación. 850.000 personas salieron a la calle para pedir el fin de la violencia de ETA. Las manos blancas se hicieron definitivamente masivas cuando la banda terrorista secuestró y asesinó a Miguel Ángel Blanco en julio de 1997. Su ideología era la Constitución del 78 Nacido en Valencia el 8 de diciembre de 1932, Tomás y Valiente provenía de una modesta familia albaceteña, de las que habían perdido la guerra. Entre 1950 y 1955 estudió Derecho en la Universidad Literaria de Valencia, mientras trabajaba en el mismo banco que su padre. En 1964 obtuvo por oposición la Cátedra de Historia del Derecho en la Universidad de La Laguna. De Canarias pasó a Salamanca y definitivamente a Madrid, en 1980. Entre 1986 y 1992 fue presidente del Tribunal Constitucional, en sustitución de Manuel García-Pelayo. Fue también uno de los doce jueces "inaugurales" que prepararon las reglas de funcionamiento del órgano durante los seis meses previos a su apertura de puertas, en 1980. Durante sus seis años al frente del Constitucional, Tomás y Valiente mantuvo una buena relación con el entonces presidente del Gobierno Felipe González. Sin embargo, no dudó en denunciar los crímenes de los GAL en la guerra sucia que el gobierno socialista dirigió contra ETA. En su discurso de despedida del Constitucional aseguró que su ideología como magistrado era la Constitución de 1978, en su espíritu e incluso en letra. Tras dejarlo, Tomás y Valiente se reincorporó a su actividad docente en la Autónoma de Madrid, labor que compaginó con su cargo en el Consejo de Estado.