Trump y sus aranceles se tambalean
2026-02-25 - 06:13
Toma bofetada en toda la cara. El Tribunal Supremo de EEUU ha decidido llevarle la contraria sobre los aranceles al mismísimo Donald Trump. Pocos sucesos internacionales pueden catalogarse tan relevantes como esta sentencia histórica. Conociendo cómo las gasta el presidente norteamericano, la reacción ha sido la prevista, es decir, abrupta y sin remilgos, y no se ha hecho esperar, tampoco las amenazas y los insultos a los miembros discrepantes del alto Tribunal. Entre los seis magistrados que han votado en contra, Trump ha empezado dirigiéndose a los dos jueces del Supremo -Coney Barrett y Neil Gorsuch- que habían sido designados por él mismo, menospreciándolos como si fueran dos indocumentados. La razón de fondo de este juicio que ha hecho que el Tribunal Supremo dictara esta decisiva sentencia es clara, según sus propios miembros: un arancel es un impuesto, y la competencia para establecer impuestos reside en el Congreso, no en el Ejecutivo. Así de sencillo y así de importante para el buen funcionamiento de las instituciones. Uno de los ponentes “rebeldes”, Gorsuch, ha querido matizar la sentencia al dejar claro que las leyes son necesarias no para cuando gobierna nuestro “déspota” favorito, sino para cuando gobierna el otro político que más odiamos, que es cuando apreciamos más los contrapesos institucionales. Lo fundamental, ha quedado demostrado, es la seguridad jurídica de los ciudadanos y las empresas que deben protegerse especialmente contra el Estado y el Gobierno de turno, que son los que más abusan del poder que ostentan. En España, donde también tenemos nuestro gran surtido de problemas, ha sorprendido la noticia del Tribunal Supremo porque tenemos una idea muy distorsionada de EEUU y de sus instituciones, pero queda claro que Norteamérica sigue siendo, a pesar de algunas trampas de Trump, una gran democracia con su correspondiente división de poderes. Bien es cierto, que el presidente ha intentado contraatacar con otra ofensiva arancelaria del 15% y ha conseguido, una vez más, crear un caos entre los países y las empresas exportadoras que no será fácil de resolver. En el fondo, los extremos siempre se tocan. Los presidentes de Estados Unidos y España viajan en coches distintos pero con un mismo objetivo: controlar el poder que ejercen y no cederlo un ápice ante nadie. Sin embargo, todo tiene sus tiempos y todo va cambiando de manera irreversible. Quien se centre en los hechos y deje de lado los relatos, y dé prioridad a los problemas reales conseguirá crear una “tercera vía” y dejará de polarizar para empezar a fomentar el verdadero diálogo civil, tan necesario en tiempos como estos. Es imprescindible, que los pactos que necesita la sociedad empiecen a funcionar y resuelvan los grandes problemas que nos acechan todos los días. Problemas que van más allá del mantenimiento de la red ferroviaria, de los trenes, de las carreteras, de los pantanos, de la escasez de viviendas, de los salarios, de la Constitución... añadan aquí su larga lista de mejorías que son necesarias solventar cuanto antes, incluidos los desagradables aranceles de Donald Trump y su desafortunada manera de crear incertidumbre en la economía mundial. El mundo es una ratonera, pero cada ratón tiene su propio agujero en el mismo queso.