Tu vida entra en el móvil
2026-03-11 - 04:13
El sábado, saliendo del teatro, me robaron el móvil. Lo llevaba en el bolsillo del abrigo, como tantas veces, pensando que ahí lo tenía más controlado que dentro del bolso, ingenua. Acababa de enviar un mensaje a una amiga contándole que la espera para ver a Ginés García Millán había merecido la pena (había comprado las entradas en noviembre). La obra, por cierto, muy recomendable, aunque creo que el sábado era la última función. Luces de bohemia. Valle Inclán en estado puro y, casi, casi, describiendo lo que nos ocurre ahora... Salía despreocupada, intentando superar ese tumulto de gente que se forma casi siempre a la salida de un cine o un teatro, intentando pasar desapercibida, intentando no perder a mi acompañante, el de siempre, el de toda la vida. Me agarré a su brazo, dimos un par de pasos, giramos la esquina y en ese momento noté que mi bolsillo pesaba menos, que mi abrigo iba más ligero. Metí la mano y el móvil ya no estaba. Habían sido rápidos. Mi marido me intentó llamar, pero el teléfono ya estaba apagado. A partir de ese momento, empecé a entrar en una especie de espiral de claves, cancelaciones, códigos, intentos de contraseña fallidos, bloqueos, anulaciones y una desesperación tecnológica que me ha superado. Y que me ha puesto frente a un espejo que hay que asumir: llevamos la vida, literalmente, en el móvil. Toooodo está ahí. Y todo en una nube, un espacio al que casi en el mismo instante en el que le hemos entregado todo, los mejores momentos, las fotos familiares, los recuerdos, los mensajes, en ese mismo instante metemos automáticamente en el olvido más absoluto cómo poder recuperarlo, cómo volver a ser dueños de eso...de nuestra vida. No recordaba ningún móvil. Ningún número. No recordaba ninguna contraseña. Y en el intento de recuperar algunas, bloqueé la aplicación, el email, el perfil... En fin. Entré en una especie de aislamiento total. No podía comunicarme con nadie. Solo a través de los teléfonos que mi marido iba recuperando. Un confinamiento tecnológico completo. Problemas del primer mundo. Sin duda. Problemas absurdos que nosotros mismos nos hemos generado. Problemas a los que les hemos abierto la puerta de par en par para que nos generen el caos más absoluto. Problemas que, con tiempo y paciencia, podré solucionar (aún no he podido recuperarlo todo). Problemas que no lo son. Cuando me lo robaron, entré en una desesperación tecnológica que me ha superado Lo decimos muchas veces. Pero no somos realmente conscientes. Yo que pensaba que vivía con más libertad sin tener que llevar tantas cosas encima, que con el móvil solucionaba todo, realmente me había encadenado a un aparato que lo tenía todo sobre mí. Todo. Lección aprendida.