Un análisis en muestras de pelo revela mayor exposición a bisfenol A en gatos de interior
2026-02-24 - 06:13
Los gatos que viven puertas adentro pasan la mayor parte de su vida sobre suelos, alfombras, sofás, camas y muebles que forman parte del entorno doméstico habitual. Ese espacio, que se percibe como seguro y controlado, contiene sin embargo una amplia variedad de sustancias químicas presentes en plásticos, barnices, textiles y aparatos electrónicos y, entre ellas, se encuentra el bisfenol A, más conocido como BPA. Un estudio reciente ha analizado por primera vez la presencia de BPA en muestras de pelo de gato. Los resultados muestran que la exposición es frecuente y que los niveles son más altos en los animales que viven exclusivamente en interiores que en aquellos con acceso al exterior. Qué es el bisfenol A El bisfenol A es una sustancia química sintética, es decir, creada por el ser humano. Se sintetizó por primera vez a finales del siglo XIX y comenzó a emplearse de forma masiva en la industria a partir de la década de 1930. Su principal función es actuar como plastificante, lo que significa que se añade a determinados materiales para hacerlos más resistentes, ligeros y duraderos. En los plásticos de policarbonato, por ejemplo, el BPA puede representar hasta el 90% del peso del material. Gracias a estas propiedades, se utiliza en envases de alimentos, botellas, electrodomésticos de cocina, componentes electrónicos, muebles, ropa e incluso en algunos materiales dentales. También puede encontrarse en pinturas y barnices. La producción mundial es muy elevada, con miles de millones de toneladas fabricadas cada año. Como consecuencia, parte de esta sustancia termina dispersándose en el medio ambiente y entrando en contacto con personas y animales. Por qué preocupa el BPA El interés científico por el bisfenol A no se debe solo a su uso extendido, sino a sus efectos en los organismos vivos. El BPA tiene una estructura química parecida a la de los estrógenos, que son hormonas naturales presentes tanto en hembras como en machos. Esa similitud le permite interferir en el sistema endocrino, que es el conjunto de órganos y glándulas encargado de regular las hormonas. Cuando una sustancia altera el funcionamiento normal de las hormonas se la denomina disruptor endocrino, y esta alteración puede afectar a distintos órganos y procesos del cuerpo, desde el metabolismo hasta la reproducción. Por ese motivo, el seguimiento de la exposición al BPA se considera una tarea importante dentro de la toxicología ambiental, tanto en humanos como en animales. Analizar el pelo para medir la exposición Hasta ahora, los estudios en gatos habían detectado BPA en la sangre, la orina, las heces e incluso en alimentos comerciales. Sin embargo, no se había evaluado su presencia en pelo, que permite estimar la exposición acumulada durante un periodo prolongado. El trabajo incluyó a 70 gatos domésticos clínicamente sanos, de entre uno y quince años, todos esterilizados y alimentados con comida comercial seca y húmeda. Para medir el BPA se utilizó una técnica de laboratorio de alta precisión llamada cromatografía líquida acoplada a espectrometría de masas, que permite detectar cantidades extremadamente pequeñas de sustancias químicas. Los resultados mostraron que el 97% de las muestras contenían BPA en niveles detectables. Las concentraciones variaron ampliamente, desde valores por debajo del límite mínimo medible hasta 955,4 picogramos por miligramo de pelo. Un picogramo equivale a una billonésima parte de un gramo, lo que da idea de la sensibilidad del análisis. Más exposición en gatos ‘indoor’ Una de las diferencias más claras apareció al comparar gatos de interior con aquellos que podían salir al exterior. Los gatos que vivían exclusivamente dentro de casa presentaron concentraciones medias de BPA más altas que los que tenían acceso al exterior. Los autores de la investigación interpretan estos datos como un indicio de que el entorno doméstico está ampliamente contaminado con BPA. El contacto continuo con electrodomésticos, alfombras, muebles tapizados y otros objetos podría facilitar la exposición constante a pequeñas cantidades de esta sustancia. También se observaron diferencias según la edad. Los gatos jóvenes mostraron, en promedio, concentraciones más elevadas que los adultos de mediana edad, mientras que los mayores presentaron valores intermedios. Además, aparecieron variaciones relacionadas con la condición corporal. De forma inesperada, los animales con peso considerado normal mostraron niveles más altos que los gatos con obesidad. Los investigadores reconocen que este resultado es difícil de explicar con el conocimiento actual sobre cómo se metaboliza el BPA en la especie felina. No se encontraron diferencias significativas entre machos y hembras. Lo que aún no se sabe El estudio concluye que la exposición de los gatos al bisfenol A es frecuente y que puede depender de factores como el entorno en el que viven, la edad o la condición corporal. Sin embargo, subraya que todavía se sabe poco sobre cómo procesa el organismo felino esta sustancia y cuáles pueden ser sus efectos concretos a largo plazo. La proximidad constante entre humanos y animales de compañía implica que comparten buena parte de los mismos contaminantes ambientales. Comprender esa exposición, además de permitirnos evaluar posibles riesgos para la salud animal, también ofrece información sobre la calidad química del entorno doméstico en el que convivimos varias especies. Los autores señalan la necesidad de ampliar la investigación con estudios ambientales, toxicológicos y clínicos más detallados que ayuden a aclarar cómo afecta el BPA al organismo del gato y qué medidas podrían reducir su presencia en el entorno cotidiano. Referencia: Evaluation of Cat Exposure to Bisphenol A (BPA) Using Hair Sample Analysis. Slawomir Gonkowski et al. Animals (2026)