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Un estudio alerta del estrés y el sufrimiento en el comercio mundial de peces ornamentales

2026-01-27 - 06:14

Los peces y crustáceos que habitan acuarios domésticos, centros comerciales o ferias especializadas suelen quedar fuera del debate sobre bienestar animal. Su tamaño, su silencio y su vida bajo el agua han contribuido a la percepción distorsionada de que son animales de tercera categoría, decorativos, cuya experiencia vital importa menos que la de otros animales que se mantienen en cautividad. Sin embargo, la ciencia lleva años diciendo otra cosa. Un nuevo estudio publicado traza, por primera vez, un mapa global de la investigación científica sobre peces y crustáceos ornamentales. No se centra en una especie concreta ni en una patología específica, sino en algo más amplio y, precisamente por eso, más interesante. En cómo funciona una industria en pleno crecimiento y qué sabemos, y qué no, sobre el impacto que ese sistema tiene en estos animales acuáticos. A medida que aumenta el comercio internacional de peces ornamentales, también lo hacen las evidencias de estrés, sufrimiento y mortalidad asociadas a su captura, transporte, manejo y venta. Y, aun así, la legislación, la supervisión y la conciencia social siguen yendo muy por detrás. Una industria en expansión El estudio realiza un análisis cienciométrico de toda la literatura científica publicada sobre peces y crustáceos ornamentales desde el inicio de la base de datos Web of Science hasta 2023. Es decir, no analiza directamente animales en laboratorio, sino la propia producción científica y cuántos estudios hay, qué temas abordan, qué países investigan más y hacia dónde se dirige este campo de investigación. Los resultados muestran un crecimiento exponencial de publicaciones en las últimas décadas, en paralelo al auge del comercio ornamental a escala global. Estados Unidos lidera la producción científica, seguido de otros países con un peso importante en la acuicultura y el comercio internacional. Las palabras más frecuentes en los estudios realizados no hablan de estética ni de comportamiento natural, sino de crecimiento, supervivencia, evaluación de riesgos o anestésicos. Es decir, de cómo mantener vivos a los animales en condiciones que, muchas veces, son intrínsecamente estresantes. Un viaje lleno de factores de estrés Uno de los aportes más relevantes del trabajo es la descripción detallada de la cadena comercial que recorren los peces ornamentales. Un trayecto que rara vez es corto y casi nunca sencillo. Algunas de las especies comercializadas pueden ser capturadas en la naturaleza o bien criadas en acuicultura. Desde ahí pasan por instalaciones de mantenimiento, exportadores, transporte por carretera, avión o barco, cuarentenas, inspecciones fronterizas, importadores, mayoristas y, finalmente, tiendas o ferias. Solo entonces llegan al consumidor final. En cada una de esas fases se acumulan factores de estrés como son la manipulación directa, el hacinamiento, los cambios bruscos de temperatura, la mala calidad del agua, la privación de oxígeno, vibraciones durante el transporte o la exposición a especies incompatibles. Una sucesión de desafíos fisiológicos que comprometen seriamente su bienestar. Manipular, hacinar, transportar: el precio invisible El manejo físico es uno de los primeros problemas señalados por los investigadores. El uso de redes, la extracción del agua y el contacto directo con las manos sin protección dañan la capa de mucosa que protege a los peces frente a patógenos, aumentando notablemente el riesgo de infecciones y enfermedades. El hacinamiento es otro punto crítico recogido en el análisis de datos. Densidades demasiado altas elevan los niveles de cortisol, incrementan la agresividad y deterioran rápidamente la calidad del agua. Pero densidades demasiado bajas también pueden ser problemáticas en especies que dependen del comportamiento gregario para su estabilidad social. A esto se suma la frecuente falta de filtración adecuada, la acumulación de desechos metabólicos y la disminución de oxígeno, factores que no solo generan estrés, sino que pueden provocar mortalidad directa durante el transporte o en los puntos de venta. Anestésicos, ferias y soluciones parciales Algunas investigaciones exploran el uso de anestésicos, como el aceite esencial de clavo, para reducir el estrés durante el transporte. En ciertas especies, como el pez Betta splendens o la tilapia del Nilo, se ha observado una disminución del estrés sin alteraciones conductuales significativas. Sin embargo, estos mismos compuestos pueden generar efectos negativos en otras especies, lo que demuestra que no existen soluciones universales y que el conocimiento sigue estando muy fragmentado. El estudio también pone el foco en un ámbito poco regulado y escasamente estudiado, las exposiciones y ferias de peces ornamentales. En algunos países como Brasil o Indonesia, los investigadores observaron y describen eventos donde los animales se exhiben en bolsas de plástico, sin control de temperatura, luz ni calidad del agua, a menudo en condiciones de hacinamiento extremo. Prácticas que, según los autores, resultan incompatibles con cualquier estándar mínimo de bienestar animal. Un vacío legal y una percepción cultural que urge revisar Más allá de los aspectos técnicos, la investigación señala un problema estructural ante la falta de legislación específica y de supervisión efectiva en el comercio de peces ornamentales. A diferencia de otros animales de compañía, los peces siguen quedando fuera de la mayoría de normativas de protección animal o aparecen mencionados de forma tangencial. Los autores apuntan también a una cuestión de lenguaje y percepción. Hablar de peces ornamentales o decorativos refuerza la idea de que su función es estética. Proponen, en cambio, el término ‘peces para compañía’, que subraya su condición de animales sintientes y podría favorecer una mirada más ética y responsable. Lo que este estudio pone sobre la mesa Este nuevo análisis no descubre que los peces sufran estrés, eso ya se sabía, pero sí muestra hasta qué punto ese sufrimiento está integrado en un sistema global que prioriza la logística, la rentabilidad económica y la estética por encima del bienestar animal. También deja claro que la ciencia avanza más rápido que la conciencia social y la regulación. Mientras crece el número de estudios y se acumulan evidencias, millones de peces siguen recorriendo cadenas comerciales largas y agresivas, sin que el público general sea realmente consciente de ello. Repensar el comercio de peces, como proponen los autores del estudio, y exigir estándares de bienestar, así como formar a vendedores y compradores y abandonar la idea de que los peces son animales insensibles de tercera categoría es una cuestión científica, ética y, cada vez más, una asignatura pendiente como sociedad. Referencia: Fish Welfare in the Ornamental Trade: Stress Factors, Legislation, and Emerging Initiatives. Caroline Marques Maia et al. Fishes (2025)

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