Un estudio propone cómo mantener a los mayores con sus animales en residencias con nuevos protocolos
2026-02-08 - 08:45
El envejecimiento de la población es uno de los grandes retos de los países desarrollados. En España, más del 20% de la población supera ya los 65 años y las previsiones apuntan a un crecimiento sostenido en las próximas décadas. A este fenómeno se suma otro cambio social igual de relevante como es que cada vez más personas mayores conviven con animales como parte central de su red de apoyo emocional y funcional. Perros y gatos forman parte del día a día de millones de personas mayores, especialmente de aquellas que viven solas. Numerosos estudios han mostrado que esta convivencia se asocia a menor sensación de soledad, ralentización del deterioro cognitivo y una mayor rutina física y social. Sin embargo, esta relación se ve abruptamente amenazada cuando aparece la necesidad de ingresar en una residencia de la tercera edad, un momento vital que, en muchos casos, implica también la pérdida del animal. Envejecer acompañado también protege la salud La evidencia científica sobre los beneficios de convivir con animales en edades avanzadas es cada vez más sólida. Estudios europeos recientes han observado que las personas mayores que conviven con perros o gatos muestran un deterioro cognitivo más lento que aquellas que no lo hacen, especialmente en funciones como la memoria verbal o la atención. Otros trabajos apuntan a una reducción significativa del sentimiento de soledad en programas de acogida temporal de gatos en personas de edad avanzada. Más allá de los indicadores cognitivos o emocionales, la convivencia con animales introduce estructura, responsabilidad y contacto social en etapas vitales marcadas por la pérdida progresiva de vínculos. En el caso de perros de asistencia y terapia, el impacto es todavía mayor, ya que su función no se limita al acompañamiento, sino que facilita la autonomía, la movilidad o la gestión de determinadas discapacidades. El momento crítico Pese a estos beneficios,