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Un experto pone nota a las aguas de las distintas ciudades españolas: «La mejor calidad del país»

2026-02-20 - 12:13

El agua es un componente esencial del organismo humano. Representa entre el 60% y el 70% de nuestro cuerpo y participa en funciones tan básicas como transportar nutrientes, regular la temperatura, lubricar las articulaciones o facilitar la eliminación de toxinas. Sin embargo, a pesar de su importancia vital, pocas veces nos detenemos a pensar en la calidad del agua que sale de nuestros grifos, es decir, sus características químicas, físicas y biológicas. Esta cuestión es un desafío creciente debido al aumento de la población mundial y a la expansión urbana, que exige más suministro y un control más riguroso. En zonas rurales, el uso de fertilizantes contamina aguas superficiales y subterráneas, alterando su composición. La demanda de recursos hídricos y la contaminación procedente de actividades industriales, agrícolas, ganaderas, urbanas o incluso naturales, deterioran el agua desde su origen y pueden convertirla en un riesgo para la salud. Cuando el tratamiento es insuficiente, no solo disminuye la calidad del agua, sino que también se incrementan los peligros sanitarios asociados. Para David, experto en el tema, señala que diversos estudios han detectado microplásticos, restos de medicamentos, metales pesados, exceso de cal y químicos en el agua potable. «No podemos controlar qué sucede con el agua hasta que llega a tu hogar», advierte. Por eso, afirma, «cada vez más personas optan por tratar el agua en casa de manera natural», buscando recuperar una pureza que sienten que se diluye en el camino desde la planta de tratamiento hasta el grifo. No obstante, reconoce que «el agua de cada ciudad es diferente, incluso varía dependiendo de la zona», con lo que en algunas zonas no es tan perjudicial o molesto beber agua del grifo. Estas son, desde su punto de vista, algunas de las ciudades con mejor y peor agua: En otro vídeo, David señala que «el principal químico que le echan al agua para tratarla es el cloro, que es lejía diluida». «Lo utilizan para eliminar bacterias, virus y microbios», afirma. El problema, advierte, es que «la microbiota está llena de bacterias que son buenas y la lejía no entiende de bacterias buenas y malas, lo elimina todo». No obstante, la Organización Mundial de la Salud considera que, en las concentraciones reguladas, el cloro es completamente seguro y destaca que la cloración ha sido uno de los mayores avances en salud pública, al permitir la eliminación de microorganismos responsables de enfermedades de transmisión hídrica. Las normativas europeas y españolas establecen que el agua de consumo no debe superar 1 mg/l de cloro, según el Real Decreto 140/2003 y la Directiva 98/83/CE . Aunque no existe un mínimo estatal obligatorio, muchas comunidades autónomas fijan un valor de referencia de 0,2 mg/l para asegurar una desinfección eficaz. Esta cantidad residual no solo no supone un riesgo, sino que actúa como protección frente a posibles contaminaciones durante el recorrido del agua hacia el grifo. Eso sí, su presencia puede influir en el sabor y olor, lo que lleva a muchos consumidores a buscar métodos para neutralizarlos.

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