Un jubilado compra un palacete y termina yéndose al descubrir que sus vecinos tienen acceso a su cocina
2026-02-04 - 16:45
Cuando Steve Nadja, un jubilado británico de 67, llegó a España, se enamoró por completo de Andalucía. Por ello, sin dudarlo dos veces, dejó de lado su Yorkshire natal para mudarse a Arcos de la Frontera, en Cádiz. Allí compró la Casa del Conde del Águila, un edificio histórico de la zona, y comenzó los preparativos para su nueva vida sin saber que no estaría solo. El hombre pagó 135.000 euros por la mitad de la planta baja, pero lo que no se podía imaginar es que debía compartir parte de la estancia con dos familias más. Y es que, como confesó para el medio británico Daily Mail, cuando llegó a la cocina descubrió que no solo había un perro, sino también una persona. Porque, aunque él había comprado el espacio, en la estancia había dos puertas que comunicaban la cocina con dos viviendas distintas. Según explicó, todo se trataba de un problema legal y realmente las dos familias tenían pleno derecho de usar la cocina tanto como él. Tras comenzar su periplo judicial, el abogado, el vendedor y el notario determinaron que la cocina debía transferirse a la propiedad una vez Nadja comprase el palacete, pero los inquilinos no estaban de acuerdo. Aunque ellos sí tenían cocinas en sus respectivas casas, tenían derecho de acceso y llaves para entrar en la del inglés. Por ello, no cedieron sus derechos de uso. Pero los problemas no terminaban ahí. Según el británico, uno de los vecinos le robó una cafetera valorada en más de 1.000 euros y otro había conectado de manera ilegal una tubería de agua en su cocina para desviar el suministro. Incluso llegaron a robarle las plantas y el sistema de riego que tenía en el patio común. Por eso, tras tantos problemas, el hombre finalmente dejó España y volvió a su país para evitar mayores problemas. Aunque su marcha tampoco fue sencilla. Nadja tuvo que pagar alrededor de 20.000 euros en reformas para el palacete y, por consecuencia, las casas de sus vecinos. Si bien legalmente los vecinos también debían hacerse cargo de los gastos de mantenimiento del palacete, fue él quien se encargó de todo, desde la pintura hasta la reparación de las vigas. Todo para mantener el edificio que, aunque había pagado, no podía disfrutar.