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Un malagueño en la sala de máquinas de Bad Bunny: quién es Saox, el productor español tras 'El Club'

2026-03-09 - 07:03

La pugna de los medios por escribir sobre Bad Bunny se ha convertido en un escrutinio obsesivo, casi neurótico, a todas las acciones del artista boricua en busca de un nuevo detalle que usar como percha para publicar una historia vendible cual filón de oro hallado en las montañas de Denver; y en esa búsqueda obsesiva, en esa conquista en El Dorado de los clics, aparece un hombre en la trastienda del protagonista de la última Super Bowl capaz de hacer chiribitas a cualquier reportero patrio: un español. Sí, tras el éxito de Benito Antonio, probablemente el artista más importante, influyente y caro de los últimos años, hay un español, uno de los nuestros; un malagueño, si somos precisos, que entremezcla la vocalización abierta propia de la Costa del Sol con algunos ramalazos de laterización fonética fruto de su ya larga estancia en Puerto Rico, donde reside. Porque la isla caribeña es el epicentro del mundo del reguetón. Del mundo, en general. Álvaro Jérez Barranco es su nombre de nacimiento; Saox, el de guerra. Músico y productor, es la mente creativa y mano ejecutora tras El Club, ni más ni menos que el primer adelanto de Debí Tirar Más Fotos, el disco con el que Bad Bunny ha conquistado cada bafle del planeta – menos los de la Casa Blanca, por lo que sea –. Es el productor, el creador, el compositor; el que gestó la canción que el boricua usó para anunciar su nueva etapa musical. Y ha sido premiado por ello: al ser uno de los fontaneros tras el disco, aparece también como ganador de los Grammy’s a mejor álbum del año, del que DTMF es el primer trabajo íntegro en español en conseguirlo, y mejor álbum en la categoría de música urbana. “También me han dado dos Grammy’s latinos”, asegura durante nuestra conversación por videoconferencia. “Estoy esperando a que me lleguen a casa los premios”. Saox, Álvaro, no empezó reventando los Grammy’s ni produciendo para Bad Bunny, sino picando piedra como un chaval con sueños estratosféricos en esa región al sureste de España bañada por el Mediterráneo y el sol: “llevo haciendo música toda mi vida, desde los catorce años. Como no tenía nadie que hiciera los ritmos para mis letras de rap, empecé a hacerlos yo. Me metí tanto en la producción que acabé inmerso en ella. Vi una oportunidad”, afirma no sin asegurar también que nunca ha dado la espalda a sus proyectos personales. Sus influencias, como las de cualquier chavalito, fueron esos raperos americanos que despegaron la costra del pop y convirtieron la música hecha por los negros en un sonido global. “Pensaba cómo colaborar con ellos y solo se me ocurría hacerlo desde la producción”, continúa. “Ahora han cambiado las cosas, mira Bad Bunny, pero antes no escuchaban música en español”. Del hijo indeseado de la creatividad y la necesidad surgió su faceta como productor, como hombre tras los teclados; ese creador tan necesario para la obra que aún se sienta en los banquetes del éxito en discreto segundo plano. “No te creas”, continúa. “Al principio, en los inicios del hip-hop, el productor era el actor principal. Todo empezó con los DJs. Luego evolucionó y la figura destacable pasó a ser el MC, el rapero. Pero de un tiempo a esta parte, se vuelve a dar mucha importancia otra vez al productor que crea el imaginario musical. Por eso me gustan Kanye West o Pharrell Williams: han sido productores que han sabido proyectarse como artistas principales”. Pese a todos los sueños golosos, los inicios de un músico no son precisamente sencillos, no importa que sea productor o rapero o trompetista; de hecho, Saox reconoce que se tiró más de diez años haciendo música para él, sin ansias de ganar dinero: “me conseguía algunos euros porque hacía fiestas de música urbana; primero como organizador y luego como DJ. En ganar dinero de mi música tardé mucho tiempo. Si haces música por dinero, mejor búscate un trabajo”, añade entre risas, “porque vas a tardar en lograrlo”. Sin embargo, el éxito estaba para él y poco a poco, placita a placita, fue sonando donde debía sonar hasta conseguir su primer gran logro en 2018. “La primera canción que se pegó en la radio fue Olvidemos, donde aparecían Rauw Alejandro y Álvaro Díaz. Ese año fue muy importante para mí porque entré en la industria. Gracias a este videoclip, el manager de Bad Bunny vio mi nombre, se interesó e iniciamos la relación”. “Ya en el 2017 hablaba mucho con Rauw [Alejandro] porque subía música a SoundCloud. Él todavía no era tan famoso. Me invitó a pasar unos días a Puerta Rico y tiré de mi dinero ahorrado para irme prácticamente de mochilero unos ocho días. Conecté con muchos artistas y logré entrar en la industria. Luego fui a Miami. Tocaba todas las puertas mientras viajaba con mi portátil”, se ríe. Su estrategia de mochilero con portátil le funcionó bien, porque la mayor puerta de todas, la del elefante blanco en español, se le abrió de par en par: “ya tuve una toma de contacto con Bad Bunny en 2017, en Málaga, cuando pinché en una fiesta donde él cantaba. Pero en verdad todo empezó tras Olvidemos. Cuando volví a Puerto Rico, Noah [Noah Assad, manager de Bad Bunny y director ejecutivo de Rimas Music] quiso comer conmigo para conocerme y firmarme un contrato, pero yo ya estaba trabajando con ATV, el publishing editorial de Sony”. “Mantuvimos igualmente el contacto. Mientras yo seguía con mi proyecto, le mandaba música para Bad Bunny. De hecho, cogió varias canciones e ideas para Benito, pero nunca acababan por salir. Hasta que por fin mandé El Club. Pensaba que le gustaría, pero la envié descreído, como una más que al final no saldría. Y fue la que salió”. No hubo romanticismo ni grandes expectativas por todas las canciones que Bad Bunny le adquiría que acababan en el cajón; de hecho, cuenta Saox entre risas, se la mandó a Noah por WhatsApp tal y como se la podría haber mandado a cualquier amigo, sin muchas esperanzas. Y de repente, todo confluye y funciona. Y Saox convierte su idea en el primer adelanto del único disco en español en la historia en llevarse el Grammy a mejor álbum del año. “Sabía que había gustado. La canción salió en diciembre, pero yo estaba en agosto en Málaga cenando con mi familia cuando me escribieron para pedirme el proyecto. Ahí ya me olí que iban a sacarlo. Después de mandar el proyecto, pasaron un par de meses más hasta que me confirmaron que sí, que saldría con vídeo y sería el primer single del álbum”. Con Benito, cuenta Saox, ha tenido oportunidad de hablar varias veces; de hecho, en la versión de El Club para Apple Music el propio Bad Bunny da las gracias a nuestro protagonista por crear la canción. “En realidad solo nos hemos visto en persona una vez, no es que sea mi amigo, pero sí hemos hablado más veces y me ha dado sus respetos en público, en la Rolling Stone, en la Billboard. Me sorprendió que me diera tanto foco habiendo otros muchos productores en el álbum. No hubo ningún trato de darme reconocimiento, pero lo hizo”. Cuando le pregunto si hacer una canción para Bad Bunny está bien pagado, Saox se ríe: “sí, sí. Sobre todo, a la larga, cuando los royalties se acumulan. Además, sabiendo que está eso ahí, aprovecho para hacer mis movimientos y mis movidas. Ya sabes, pido cosas... adelantos”, se vuelve a reír. “Quiero aprovechar para retomar las sesiones de DJ”. Sobre el fenómeno que el álbum ha generado, Álvaro opina que es positivo. “Cuando era pequeño parecía que si no hacías música en inglés no podías ser una figura tan global como Drake. Si hacías música en español y querías ser mundial, tenías que hacer otro estilo, como por ejemplo el de Ricky Martin, pero no música de la calle. Hay gente comentando el fenómeno como si fuera malo y no lo comprendo. ¡Cómo va a ser malo, si es música!”. “Es muy positivo también por lo que estamos viendo con Donal Trump y el ICE. A mí me toca en lo personal porque yo soy un inmigrante en Puerto Rico. La política siempre está ahí, aunque uno crea que no; hay política en todo, la política no es solo protestar”, afirma. Saox ha conseguido colaborar con el artista más influyente del mundo, sin embargo, sus metas son como las semillas del diente de león que uno amenaza con atrapar: siempre vuelan más lejos, más rápido, más arriba. “Ahora estoy con mis propios discos. Estoy produciendo un álbum con colaboraciones de otros artistas. En paralelo, sigo mandando proyectos a Bad Bunny y otros cantantes para aportar mi granito de arena en sus carreras. Producir música para otros se complementa con mi propio proyecto, no es excluyente”.

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