TheSpaineTime

Un muerto muy vivo

2026-03-06 - 12:33

Lleva dos mil años hablándonos con una claridad incómoda y, ahora, además, lo hace con voz de mujer. Porque por primera vez las palabras de San Mateo han sido traducidas directamente del griego por Rosé Homar, doctora en Filología Clásica. La primera voz femenina que entra, por derecho propio, en este territorio milenario de hombres, barbas, púlpitos y autoridad. Gracias a Blackie Books, sabemos hoy un poco más (y un poco mejor) sobre el misterioso ángel Mateo. Ángel no por capricho iconográfico, sino porque así lo decidió San Jerónimo cuando repartió las cuatro simbologías aladas. A Mateo le tocó la humana, porque su Evangelio empieza donde empiezan las cosas serias: por la genealogía. Por la carne. Nada de fuegos artificiales teológicos. Jesús es humano desde la primera línea. Pero Mateo no escribe para emocionar. Y eso se nota en cada frase del Evangelio según San Mateo. Aunque esté redactado en griego koiné , el griego común del Mediterráneo del siglo I, el texto piensa en hebreo. Razona como razona el Antiguo Testamento. Repite con austeridad ideas como letanías, un recurso narrativo oriental. Donde un autor helenístico habría buscado variedad, Mateo busca autoridad . Incluso cuando habla del Reino, mide las palabras. No dice «Reino de Dios», sino «Reino de los cielos». No por lirismo, sino por respeto. Es un rodeo judío para no pronunciar Su Nombre. Filología pura convertida en teología. El tono tampoco engaña. Abundan los imperativos. «Id». «Haced». «No temáis». Y cuando reprende, lo hace sin anestesia. Y, sin embargo, de este evangelio severo, casi jurídico, salen algunas de las expresiones más usadas de nuestra lengua y de nuestra cultura. De Mateo viene lo de ser «la sal de la tierra». De Mateo, la advertencia de no «echar perlas a los cerdos». De Mateo, el «lobo con piel de cordero». Y también esa frase que sigue circulando por parlamentos y tertulias: «Al César lo que es del César». Dos mil años después, seguimos hablando con sus palabras sin saberlo. Comparado con Marcos, Mateo es menos nervioso. Frente a Lucas, menos compasivo. Y al lado de Juan, infinitamente menos simbólico. Hoy más que nunca, las palabras de Mateo están vivas. Porque siguen ordenando el mundo. Y porque ahora podemos escucharlas como nuevas, sin incienso ni temor, desde el estudio, la inteligencia y el corazón de una mujer .

Share this post: