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Un nuevo estudio alerta del impacto ambiental de los antiparasitarios en los insectos

2026-02-18 - 06:53

Durante años, los tratamientos antiparasitarios para perros y gatos se han presentado como una solución cómoda, eficaz y segura frente a pulgas y garrapatas. En la última década, la llegada de fármacos de administración oral y efecto prolongado ha cambiado por completo la forma en la que se controla la parasitosis externa en animales de familia. Sin embargo, su éxito veterinario ha ido por delante de una cuestión que afecta a todo el medio ambiente: ¿qué ocurre con esas sustancias una vez han cumplido su función en el cuerpo del animal? Cada vez más investigaciones apuntan a que el problema no termina cuando el parásito muere. Los principios activos de muchos antiparasitarios no desaparecen sin más, sino que son excretados por perros y gatos y acaban entrando en contacto con el entorno. El foco ya no está solo en la seguridad del animal tratado, sino en los efectos indirectos sobre otras especies que nunca fueron el objetivo del medicamento. Un estudio reciente pone cifras y contexto a cómo los antiparasitarios modernos están afectando a insectos esenciales para el equilibrio de los ecosistemas. Eficaces contra pulgas, persistentes en el ambiente Las isoxazolinas son una clase relativamente nueva de antiparasitarios utilizados de forma masiva en perros y gatos desde su lanzamiento en 2013. Su gran ventaja es que se administran por vía oral, actúan durante semanas y eliminan tanto pulgas como garrapatas. Precisamente esa eficacia prolongada es la que ha llevado a su uso generalizado en Europa y otros países. El problema es que estos fármacos no se metabolizan rápidamente. Según el estudio liderado por el toxicólogo Philippe J. Berny, las isoxazolinas tienen una vida media larga en el organismo de perros y gatos y se eliminan principalmente a través de la bilis y las heces. En algunos casos, los principios activos siguen detectándose en las deposiciones semanas después de haber terminado el periodo recomendado de tratamiento. Esto implica que los animales tratados liberan al entorno sustancias diseñadas para matar artrópodos durante un tiempo mucho mayor del que suele asumirse. Qué se ha analizado Los investigadores siguieron durante tres meses a 20 perros y 20 gatos tratados con distintos antiparasitarios del grupo de las isoxazolinas. A lo largo del estudio se recogieron muestras de heces para analizar cuánto tiempo permanecían los compuestos activos y en qué concentraciones. Los resultados mostraron que al menos dos de estas sustancias seguían presentes en las heces una vez finalizado el periodo de tratamiento indicado por el fabricante. A partir de esos datos, el equipo realizó simulaciones de riesgo ambiental para evaluar la exposición de insectos que se alimentan de excrementos. La conclusión es que los insectos coprófagos están altamente expuestos a estos compuestos, con un impacto potencialmente grave sobre sus poblaciones. Insectos no objetivos, y esenciales Artrópodos como moscas, escarabajos del estiércol y algunas especies de mariposas desempeñan un papel imprescindible en los ecosistemas al descomponer la materia orgánica, reciclar nutrientes, airear el suelo y ayudar a controlar plagas de forma natural. Cuando estos insectos entran en contacto con excrementos que contienen restos de antiparasitarios, se ven afectados por sustancias que actúan sobre su sistema nervioso. No son pulgas ni garrapatas, pero pertenecen al mismo gran grupo biológico, y el mecanismo de acción del fármaco no distingue entre especies diana y especies colaterales. La Agencia Europea del Medicamento ya había advertido del riesgo de contaminación ambiental asociado a estos tratamientos, pero hasta ahora faltaban datos concretos sobre su eliminación y persistencia en el medio natural. Otras vías de contaminación Este último estudio se suma a una línea de investigaciones que apuntan a un impacto ambiental más amplio de lo que se esperaba de los animales de familia. No solo las heces, también la orina y el pelo pueden actuar como vehículos de transferencia de sustancias químicas al entorno. Trabajos anteriores han demostrado, por ejemplo, que los pelos de perro utilizados por aves para construir sus nidos contienen restos de antiparasitarios con efectos tóxicos sobre los polluelos. Otros estudios han analizado cómo la presencia masiva de perros en entornos naturales altera suelos, cursos de agua y comunidades de insectos. Prácticas que conviene evitar La buena noticia es que no todo está fuera de control. Existen medidas sencillas que pueden reducir significativamente la dispersión de estas sustancias en el medio natural. Evitar dejar heces en parques, caminos y espacios naturales, además de ser una cuestión de civismo y salud pública, también es un acto de protección ambiental. Recoger los excrementos de perros tratados con antiparasitarios reduce la exposición directa de insectos coprófagos a estos compuestos. También conviene ser prudente con el cepillado en espacios naturales. Retirar pelo muerto en parques, jardines o zonas verdes facilita que ese material termine siendo reutilizado por aves, con el riesgo añadido de transferir restos de productos químicos a los nidos. El uso sistemático e indiscriminado de antiparasitarios es otro punto clave. No todos los animales necesitan tratamientos continuos durante todo el año, y la decisión debería basarse en el riesgo real, el entorno y la recomendación veterinaria, no en la inercia o la comodidad. Por último, es importante recordar que los animales de familia no son ajenos a los ecosistemas que habitan. Su impacto, aunque individualmente pequeño, se vuelve relevante cuando millones de perros y gatos reciben los mismos tratamientos de forma simultánea. Un asunto sobre la mesa Los autores del estudio insisten en que hacen falta más investigaciones para cuantificar el impacto real de estos fármacos en el medio ambiente y establecer directrices claras. Obviamente, el objetivo no es demonizar los antiparasitarios, que siguen siendo herramientas fundamentales para la salud, sino de entender mejor sus efectos secundarios a escala ecológica. Referencia: Prolonged fecal elimination of isoxazoline antiparasitic drugs in dogs and cats: is there a risk for nontarget species? Philippe J. Berny et al. Environmental Toxicology and Chemistry (2026)

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