Un Oscar tras otro para PTA: contracrónica de una noche de clásicos modernos
2026-03-16 - 06:53
Desde 1998 llevaba Paul Thomas Anderson, maestro indiscutible del cine contemporáneo norteamericano, peleando por un Oscar. Casi tres décadas después de su primera nominación de 'Boogie Nights', con la que hacía 13 (nada de supersticiones) logró el primero. Al mejor guion adaptado (era su séptima nominación como guionista), que tenían que dárselo ya solo por el trabajazo hercúleo que supone adaptar a Pynchon y sus novelones (aquí, 'Vineland'). Y el hombre se acordó del mundo que le estamos dejando a nuestros hijos. Luego (a la 14a) llegó el Oscar a mejor director, que hace mucha justicia con el director de 'Magnolia', 'Pozos de ambición' y 'El hilo invisible'. PTA, en su estilo discreto y respetuoso, se soltó un poco: "Es un placer llamar al cine 'Mi casa". No es que este genio del cine necesite el reconocimiento de la Academia, pero, educado como es, hizo como que sí. No hay dos sin tres, así que 'Una batalla tras otra' coronó una noche inolvidable (menos para Leo Di Caprio, siempre injustamente menospreciado) con el premio a mejor película, que también recogió PTA como productor. Para culminar su masterclass de saber estar (y todos sus discursos, siempre muy breves, además), el cineasta recordó las nominadas a mejor películade 1975: 'Tiburón', 'Tarde de perros', 'Nashville', 'Barry Lindon' y 'Alguien voló sobre el nido del cuco'. Nadie se acordaría de la ganadora, porque eran todas buenísimas, como este 2026, vino a decir elegantísimamente. Un clásico anda suelto. Seis Oscar como seis soles. El contrapunto canalla (aparte de Iron Man y Capitán América juntos de nuevo) lo puso 'Los pecadores', naturaleza obliga. Fue la película más ovacionada de la noche, lució implícita la reivindicación social, política, racial y de género (cinematográfico) cada vez que la nombraban, pareció que podía pelearle la victoria a 'Una batalla tras otra', puso a Michael B. Jordan en lo más alto y su número musical fue un espectáculo magnífico, de otro tiempo. Habrá que llamar a la Academia de Hollywood para que no pongan los Oscar tan cerca de los Goya. Que los separen un poco, que nos deprimen. Porque cuando la gala les sale medio bien, como este año 2026 con un Conan O'Brien que siguió la senda noventera del mejor Billy Crystal en una ceremonia de entrega de premios con al menos dos números musicales extraordinarios (el citado y el de 'Las guerreras k-pop', otra triunfadora de la noche), con vídeos divertidos de principio a fin (la coda fue estupenda: ¿habrá rodado sketches de las otras candidatas o tenía tan claro como nosotros que iba a ganar UBTO?) y que, como siempre, supo sabiamente vender películas pasadas, presentes y futuras: el guiño inicial a 'Weapons', las presentaciones de las películas, los pequeños vídeos con escenas de las nominaciones, los homenajes a clásicos modernos del pasado (de 'La boda de mi mejor amiga' a 'Moulin Rouge'), las presencias de Ana Wintour con Anne Hathaway (para promocionar 'El diablo se viste de Prada 2') y de Grogu/Baby Yoda para hacernos la boca agua con el próximo estreno del largo de 'The Mandalorian'. Son los reyes de esto de la promoción. Sin olvidar, por supuesto, los obituarios más extensos que se recuerdan, con sensacionales aportaciones del propio Crystal ('Cuando Harry encontró a Sally') con Meg Ryan y varios actores fetiche en el homenaje a Rob Reiner, con Rachel McAdams recordando a Diane Keaton y con Barbra Streisand cantándole a Robert Redford 'Tal como éramos'. Cuando aciertan, lo hacen tan bien, que en una gala sin reivindicaciones especiales (con la que está cayendo, solo Joachim Trier tuvo un discurso de dignidad política, pero sin dar nombres), le dejaron a Javier Bardem cumplir con su papel: "No a la Guerra y Palestina Libre" dijo el actor español, que rescató la vieja pegatina del 'No a la Guerra' de tiempos de Aznar, al presentar el premio a mejor película internacional con Prianka Chopra. Y se llevó su salva de aplausos en la supuesta Meca del sionismo internacional, con Spielberg mirando. Mucho más sorpresa que su reivindicación fue el premio a mejor película internacional que se llevó Joachim Trier por 'Valor sentimental', dejando con un palmo de narices al lobby brasileiro de 'El agente secreto', que parecía imbatible. Tampoco fue sorpresa que 'Sirat' volviese de vacío, aunque nos habría encantado que las tres mujeres españolas (Amanda Villavieja, Laia Casanovas y Yasmina Praderas) que han abierto el camino de las profesionales del sonido en las nominaciones, hubiesen ganado. Y más cuando supimos que se lo llevaba 'F1. La película'. Nos quedamos con el premio para la directora de fotografía de 'Los pecadores', Autumn Durald Arkapaw, la primera mujer en apuntar su nombre en los anales del premio a la mejor cinematografía. Actrices escogidas por esas directoras de casting, como Jessie Buckley y Amy Madigan, tuvieron también sendos premios cantados, y merecidos. Sin olvidar, además, que el nuevo premio (el que hace 24 de la noche) al mejor casting, tuvo pleno de mujeres nominadas. Una batalla ganada tras otra.