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Un perro vive 10 años junto a la tumba de su dueño e inspira una nueva ley en Brasil

2026-02-14 - 07:35

El amor de un perro a su dueño puede superar barreras, incluso cuando la persona ya no está a su lado. Tal es la devoción de los animales que en Brasil ha entrado en vigor una nueva ley para permitir que las mascotas puedan enterrarse en las tumbas de sus familiares tras el insólito caso de un perro. Y es que el animal estuvo diez años al lado de la tumba de su dueño, acompañándole en todo momento. La normativa, llamada Bob Coverio (que significa sepulturero en portugués), es un homenaje al famoso perro de la localidad de Taboão da Serra. El animal se convirtió en el centro de todas las miradas en el pueblo debido a su llamativo comportamiento. Y es que no solo acudió al funeral de su dueño, sino que se negó a alejarse de su tumba. Daba igual que el resto de la familia intentase que volviera a casa; el can se escapaba solo para estar junto a los restos del que fuera su compañero. Así durante una década Bob vivió en el cementerio. Pero no solo estaba con su dueño, sino que también era capaz de 'consolar' a quienes visitaban el lugar como si él también entendiese su pesar. Por ello, con esta nueva ley se permitirá a los animales estar junto a sus familias en todo momento. Algo que, como así explicó el representante estatal Eduardo Nobrega, no se trata de una "exageración" sino de una muestra de amor. "Esta ley reconoce el vínculo entre las familias y sus mascotas, garantiza la dignidad en el momento de la despedida, ayuda a prevenir la eliminación inadecuada y amplía el acceso a una alternativa legal y más justa. No es una exageración. No es una tontería. Es amor. Y ahora también es ley", aseguró a través de su perfil de Facebook. Esta nueva normativa llega cinco años después de la muerte de Bob. En 2021 acabó siendo atropellado por un coche. Pero, en lugar de enterrarlo en solitario, guardaron sus restos junto a los de su dueño para que ambos descansaran juntos tras tanto tiempo. Una historia de amor que recordó al caso de Hachiko, el perro que esperó a su dueño todos los días en la estación de Shibuya, en Tokio, tras la muerte de su dueño. De hecho, el animal se convirtió en un símbolo de devoción.

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