Un viaje de treinta años en Mercedes Clase E
2026-01-31 - 05:45
Corre el mes de junio de 1995. Mercedes presenta la segunda generación de la Clase E, el W 210, sucesor del indestructible W 124 que ya había cumplido, con creces, su carrera en el mundo comercial... ¡en el real siguen circulando hoy día miles de unidades cargadas de kilómetros como si tal cosa! La llegada de este W 210 crea controversia por su diseño. Su frontal presidido por cuatro faros, firmado por Steve Martin bajo la dirección de Bruno Sacco, rompe totalmente con la generación anterior. Y esas dobles ópticas no son la única evolución (¿o hay que hablar de revolución?) estilística. En el conjunto, las líneas cuadradas del W 124 han dado paso a otras redondeadas. El capó en caída, las aletas sutilmente torneadas, y la calandra integrada en la carrocería se traducen en una silueta moderna y de fuerte personalidad. En la parte posterior, más grandes y redondeadas, las luces conservan las líneas anti ensuciamiento. Pero no solo son formas, también es una extraordinaria aerodinámica (Cx 0,27) . Y, gracias a la utilización de acero de alta resistencia, el peso se ha reducido en un 8% en relación a su antecesor. Y las mejoras aportadas a la estructura, junto a algunos avances tecnológicos, hacen de este W 210 en uno de los automóviles más seguros de su categoría en esta segunda parte de la última década del SXX. A nivel de equipamiento ofrece tres niveles denominados como Classic, Elégance y Avantgarde. Todos ellos cuentan de serie con una veintena de elementos inéditos o que anteriormente se ofrecían como opciones en el W 124. Entre ellos tenemos el antipatinamiento electrónico ETS, la llave electrónica, los cuatro cristales tintados , los retrovisores exteriores con sistema de calentamiento eléctrico, el indicador de temperatura exterior, un filtro antipolvo, o la tercera luz de freno. La calidad percibida es ejemplar, aunque algunos plásticos ya indican un giro hacia el control de costes, algo que no parecía preocupar en su antecesor, el W 124. El Avantgarde tenía una calandra específica con cinco barras horizontales en lugar de dos, y un montante B cubierto de una película con dibujo de nido de abeja en el color de la carrocería. Pero la más importante es que llevaba suspensiones rebajadas, con neumáticos anchos calzando llantas de 16 pulgadas y faros de xenón (opcionales en las otras versiones). Hemos dicho que el W 210 era una nueva referencia en materia de seguridad. En efecto, además de la estructura optimizada con mayores zonas de deformación, incorpora sistemas de retención más eficaces, una protección incrementada frente a los impactos de laterales gracias a airbags en los lados, un limpiaparabrisas monobrazo que abarca el 93% de la superficie, y una batería instalada en el lado derecho, bajo el asiento posterior. Además, como primicia mundial, el Clase E va equipado de serie con limitadores de esfuerzo del cinturón. El W 210 también ofrece un captador de lluvia para la activación automática del lavaparabrisas, uno de calidad del aire para la climatización automática, y la ayuda al aparcamiento «Parktronic» (PTS) de ultrasonidos. Cuenta con un sistema de bomba por depresión de aire que accionaba la cerradura centralizada (puerta, maletero, tapa de combustible) siempre que la llave estuviera cerca del retrovisor, apertura automática del maletero, plegado reposacabezas trasero y el reglaje de altura de los faros en caso de sobrecarga. A esto se sumaba una larga lista de opciones, como es tradicional en la marca. Menos de un año después, en marzo de 1997, son mejorados los equipamientos, incorporando sistema de autorización ELCODE, una llave con mando infrarrojo con sistema antirrobo y cierre centralizado de las puertas a distancia que incluye la apertura automática del maletero y la apertura y cierre de ventanas y techo. Luego vendrá un asistente de frenada BAS, capaz de detectar una frenada de emergencia aplicando de forma automática la máxima presión. Bajo el capó delantero, tres diésel y cinco de gasolina para el W 210, conformaban una de las propuestas más amplias a nivel de motorizaciones en un modelo de la marca. Eran motores provenientes del W 124 o del W 202 pero adaptados o modificados. Y por vez primera, una berlina Mercedes recibía un motor de inyección directa diésel, el famoso cinco cilindros de 2.9 litros con turbo. Y evolución también a nivel de gasolina. Partiendo del 2.2, los ingenieros han concebido un 2.3 con un par mejorado y una reducción de consumo, emisiones y ruido. Este nuevo sistema de inyección HFM es común a todas las versiones de gasolina En el V8 4.2 las funciones de gestión de la inyección , el encendido y el acelerador electrónico están reagrupadas en una centralita Bosch Motronic 1.0 que gestiona la trasmisión automática del E420. La versión E50 AMG, sucesora del E500 W124, aparece a principios de 1996, con su motor V8 de 347 CV y con una presentación exterior AMG. En el mes de junio de ese año, las cajas de cambios automáticas de cinco relaciones con gestión electrónica, sustituyen a las anticuadas hidráulicas reduciendo consumos, mantenimiento, y mejorando fiabilidad y duración. En 1997, se lanzan los motores V6 para el E280 y E320, (también con variantes 4 Matic de tracción total) que reducen peso en un 25%, y entre un 9% y un 13% el consumo en relación a los motores de cilindros en línea. Aparece también el E300 Turbodiesel que se convierte en el diésel de calle más potente y rápido de su tiempo. Y en el salón de Frankfurt de ese año, se presentan tres nuevos modelos: E240 (V6 2.4); E430 (V8 4.3) y E55AMG (V8 5.5). Y en junio la oferta diésel se amplía con dos versiones common rail CDI: E200 CDI 102 CV y E220 CDI de 125 CV de potencia. En 1999 llegará la segunda fase del W 210 . En solo cuatro años de la primera, se ha conquistado a un millón de conductores y se ha convertido en la berlina de dirección más vendida del mundo. Solo este modelo suponía el 23,6% de la producción de coches particulares de la marca, el 25% de su segmento en Europa y el 30% en Alemania. Nos hemos puesto al volante de un E230 correspondiente a las primeras unidades vendidas en nuestro mercado en 1996, y de un moderno 300e de gasolina híbrida enchufable, perteneciente a la actual generación (W 214) de la Clase E. Ambas versiones se sitúan, cada uno en su época, en el segundo escalón en cuanto a motorizaciones de gasolina: el E230 de 1996, con 150 CV, y el actual e300e Hybrid con 313 CV . La escalada de potencia es notable, y también la de prestaciones: 215 km/h de velocidad máxima y 10,5 segundos para pasar de 0 a 100 km/h en el Clase e de 1996, y 236 km/h y 6,4 segundos el actual. Pero hay mucho más. A pesar de las apariencias, metro en mano, los 4,80 m de largo, (con 2,83 de distancia entre ejes); 1,80 m de ancho; 1,44 m de alto, vemos que nuestro clásico, no es tan grande como el actual, con 4,95 m (2,96 m); 1,88 m y 1,48 m en sus dimensiones equivalentes. Nos acercamos al E230 de 1996 , abrimos la puerta y al cerrarla..., un sonido perfecto: todo encaja como si acabara de estrenarse. Cuando nos sentamos la primera sensación es el enorme volante, ya criticado en su época por excesivo. Toda la instrumentación es, por supuesto, analógica menos el reloj, y los mandos son botones y ruedas que a pesar de tres décadas de vida siguen con un tacto perfecto. La presentación es irreprochable. Esta versión Classic, la de partida en su momento, tiene unos excelentes tapizados en imitación a tweed. Los mandos son suaves y se ven con enorme claridad. Las formas y disposición del salpicadero , dejan libre un buen espacio para conductor y acompañante. Pero donde tenemos un espacio espectacular es en las plazas traseras. Los asientos, profundos y de altos respaldos, recogen perfectamente el cuerpo. Son unas plazas perfectas para largos viajes, incluso para personas de gran tamaño. No hay comunicación con el maletero, con un volumen de 444 litros y formas regulares, para llevar, por ejemplo, unos esquíes. En marcha el confort es excepcional con unas suspensiones que borran eficazmente las irregularidades, una excelente estabilidad, un tren trasero impasible y una eficaz frenada que permite que el E230 conserva muy bien la trayectoria sin desequilibrarse incluso en curva. Rodamos por una autovía con una sensación de silencio, con una calidad de rodadura que es alta incluso treinta años después de su nacimiento . El mando del cambio manual (también lo había automático) es preciso y suave, y no se nota en exceso el paso de los años. La dirección marca con precisión