Una historia de dignidad
2026-03-03 - 07:43
Hace noventa años, en un país que apenas ofrecía espacios de participación a las personas sordas, un grupo de hombres y mujeres decidió dar un paso que cambiaría nuestra historia: unirse. Lo hicieron desde la necesidad de encontrarse, de comunicarse sin barreras, de hacerse visibles. Así nació la Confederación Estatal de Personas Sordas. Y así comenzó una historia colectiva que es, ante todo, una historia de dignidad. Durante décadas, cuando la lengua de signos era reprimida e incluso castigada, nuestras asociaciones fueron refugio y hogar. En sus locales modestos, muchas veces sostenidos con el esfuerzo de las propias personas socias, se compartía información, cultura, amistad y apoyo mutuo. Allí la lengua de signos seguía viva. Allí se tejía un sentimiento de pertenencia que el entorno social negaba. Allí aprendimos que no éramos personas aisladas, sino una comunidad viva. Con la democracia llegaron nuevas oportunidades para participar y reivindicar. Las personas sordas comenzamos a ocupar el espacio público, a organizarnos territorialmente, a fortalecer una red que hoy se extiende por todo el Estado. Nada nos fue regalado. Cada avance ha sido fruto del esfuerzo colectivo. Nueve décadas después, la CNSE sigue latiendo con la misma fuerza que impulsó a quienes la fundaron: que la unión transforma realidades La aprobación de la Ley 27/2007 que reconoció oficialmente las lenguas de signos españolas, marcó un antes y un después. Más recientemente, su desarrollo reglamentario y el reconocimiento de la cultura sorda como patrimonio cultural inmaterial han reforzado ese camino. Son conquistas históricas que transformaron lo que antes era una concesión, en un derecho. Pero la defensa de nuestro colectivo no se limita a las leyes. También se construye creando soluciones reales. A lo largo de estos años hemos puesto en marcha proyectos que han cambiado la vida de miles de personas sordas. Los primeros servicios profesionales de interpretación, la Red Estatal de Enseñanza de las Lenguas de Signos Españolas, el servicio vidAsor de videoasistencia y acompañamiento para personas mayores sordas, el espacio ALBA para mujeres sordas víctimas de violencia machista, la Red Emplea, la plataforma de videointerpretación SVIsual... Cada una de estas iniciativas responde a una misma convicción: la accesibilidad no es un privilegio, es la condición que permite que los derechos se ejerzan de verdad. Cumplimos noventa años conscientes de que este aniversario no es solo homenaje. Es también responsabilidad. Vivimos en un tiempo de cambios vertiginosos. La transformación digital, las nuevas formas de relación social y la diversidad creciente dentro de la propia comunidad sorda nos interpelan. Las personas jóvenes reclaman nuevos liderazgos y mayor participación. Las personas mayores nos recuerdan que las asociaciones siguen siendo, para muchas, el lugar donde encuentran compañía y sentido de pertenencia... Renovarnos sin perder nuestra esencia es el gran reto de esta etapa. Porque las asociaciones no son solo estructuras organizativas. Son espacios profundamente humanos donde una persona sorda puede expresarse en su lengua con naturalidad, donde no necesita adaptarse constantemente, donde encuentra referentes y apoyo. En un mundo cada vez más fragmentado, estos espacios siguen siendo imprescindibles. Nueve décadas después, la CNSE sigue latiendo con la misma fuerza que impulsó a quienes la fundaron: que la unión transforma realidades. Que la lengua de signos es patrimonio vivo de nuestro país. Que cuando las personas sordas decidimos y lideramos nuestro propio futuro, no solo avanza nuestra comunidad: avanza el conjunto de la sociedad. Esa es la historia que celebramos. Y ese, es el compromiso que renovamos.