TheSpaineTime

Una joya del cine de los 90: la reinvención de los ladrones de cuerpos que no pierde ni una gota de frescura

2026-02-23 - 06:13

De entre todos los trabajos como guionista que escribiera Kevin Williamson en la segunda mitad de los años 90, quizá The Faculty sea su trabajo menos mencionado. Algo similar ocurre con el cineasta encargado de dirigirla, Robert Rodríguez. Un trabajo que en el momento de su estreno tuvo menos relevancia que los anteriores trabajos de Willamson como guionista, caso de las dos primeras entregas de la saga Scream junto a Wes Craven o Sé lo que hicisteis el último verano. Y por supuesto, en el momento de su estreno, la llegada de The Faculty no causó el mismo revuelo en las filas del público y la cinefilia que su ópera prima El Mariachi o dos trabajos donde la sombra del exitoso Quentin Tarantino post-Pulp Fiction sobrevolaba las obras posteriores del cineasta mexicano, ya fuera como artista invitado (Desperado), o como actor y guionista (Abierto hasta el amanecer). Pero de un tiempo a esta parte, tras su tibio recibimiento entre público y crítica en las Navidades de 1998 en Estados Unidos, la obra ha cosechado una revalorización dentro de la cinefilia y el fandom del cine fantástico. El mejor ejemplo de todo esto es la revindicación que ha recibido de Ryan Coogler, donde ha mencionado que una de las grandes influencias de Los pecadores es, ni más ni menos, que esta película de culto conformada por el tándem de Williamson y Rodríguez. Y la razón es que The Faculty es una de las cintas de terror/ci-fi teen más inteligentes, atrevidas y memorables de las últimas décadas. El origen de la obra no surge directamente ni de Kevin Williamson ni de Robert Rodríguez. Y es que el guion original que daría lugar a The Faculty venía danzando por Hollywood desde 1990, obra de los guionistas David Wetcher y Bruce Kimmel. El guion no logró el interés de nadie hasta que el éxito de Scream de Wes Craven (y escrita por Kevin Williamson) dio lugar a un boom del terror adolescente (acrecentado también por el éxito en televisión de Buffy, cazavampiros de Joss Whedon) y los hermanos Weinstein decidieron encomendar la reescritura del guion a Kevin Williamson. De la paranoia de la guerra fría al 'angst' adolescente Un guion original que en el fondo no era más que una reinterpretación en clave colegial y adolescente de uno de los grandes clásicos del cine de ciencia ficción paranoide de los años 50 y metáfora del terror comunista de los Estados Unidos del mccarthysmo: La invasión de los ladrones de cuerpos de Don Siegel. Una cinta que ya había tenido sus respectivos remakes adaptados a los tiempos y los miedos correspondientes a cada una de las épocas de sus respectivos estrenos. Caso de la caída del mito de América fruto del escándalo Watergate y la crisis del 73 en la versión de los 70 de Kaufman, o la decisión de la versión de Abel Ferrara de 1993, donde la razón de situar la acción en una base militar provenía de las consecuencias de la 1o guerra del Golfo promovida por George Bush. Poco se sabe de cómo era el guion original de Wechter y Kimmel, pero la decisión de los Weinstein de encomendarle la misión de convertir el guion en algo más juvenil, moderno y sarcástico fue totalmente acertada. En manos de Williamson, el guion de The Faculty va mucho más allá de convertirse en un mero remake de la obra original, sino que este introduce el mismo elemento metaficcional y distanciador que tan bien le había funcionado en Scream como revisión del subgénero del slasher. Cuando Craven adaptó a Heinlein La premisa de The Faculty es sencilla y muy efectiva. En un instituto de una pequeña población de Ohio, algunos alumnos del instituto notan que sus profesores comienzan a actuar de manera extraña. Y lo que descubren es que están siendo sustituidos por un parásito alienígena controlado por una criatura principal que quiere someter a la mente única a toda la humanidad. Una premisa que no solo proviene del clásico de Siegel y sus posteriores remakes, sino también de la novela original que dio lugar a la primera versión cinematográfica, Los ladrones de cuerpos de Jack Finney de 1955. Obra que, a su vez, partía y se inspiraba en el relato del escritor de ciencia ficción Robert Heinlein de 1951, titulada originalmente como The Puppet Masters y traducida en España como Titán invade la tierra. Toda esta información, introducida dentro de la propia obra y verbalizado en una conversación entre los personajes. Una ficción donde la famosa e influyente La invasión de los ladrones de cuerpos pertenece también al corpus cultural del universo de los personajes. Y así, Williamson va de frente y acepta y abraza que esta obra existe y funciona, única y exclusivamente (al igual que ocurría con Scream) si conoces y entiendes a sus referentes. Pero The Faculty no solo es un mero remake de la película de Siegel, sino que lo que hace es, a partir de un punto de partida común y conocido por la cultura popular y por sus futuros espectadores, utilizarlo para introducir los temas comunes de toda la obra de Williamson: la dificultad de la adolescencia, la otredad del individuo en esa etapa convulsa, caótica y fundamental en el desarrollo de las personas y el miedo a la generación previa, castradora y controladora. Williamson-Rodríguez: una entente sin aristas Williamson solo pudo escribir el guion de The Faculty porque se encontraba dirigiendo su ópera prima como cineasta, Secuestrando a la Srta. Tingle, pero el ADN del filme es 100% suyo. Sin embargo, no debemos dejar de lado la habilidad de Rodríguez de no recargar las tintas con el estilo pulp y de serie B de su obra previa y de aportarles una cierta clase de energía carnavalesca y burlona a las formas de la cinta. Esto es precisamente lo que la aleja y la distingue de lo realizado por Wes Craven en las dos primeras entregas de Scream. Y es que el mayor acierto de Williamson y Rodríguez es la habilidad de ambos de entremezclar con pericia el tono y el contenido de los misfits adolescentes de El club de los cinco de John Hughes, con el ejercicio metarreferencial y revisionista del Williamson de Scream, más guiños orgánicos y repulsivos salidos de Vinieron de dentro de... de David Cronenberg, para hablar de nuevo, como en Scream, de las máscaras sociales, de los lobos con piel de cordero y la búsqueda ardua, complicada y muchas veces fallida que surge de la psique de los adolescentes que buscan su identidad y su sitio en una edad convulsa y explosiva.

Share this post: