Vivir de alquiler o ser madre soltera: los dos grandes factores que disparan el riesgo de caer en la pobreza en España
2026-02-08 - 07:45
Las probabilidades de caer en la pobreza se disparan en España para las madres solteras y los inquilinos que viven de alquiler. El riesgo de pobreza y exclusión social se duplica, como también lo hacen las dificultades para llegar a fin de mes, afrontar gastos imprevistos, mantener la vivienda a una temperatura adecuada o poder comer carne o pescado al menos cada dos días. Los últimos datos de la Encuesta de Condiciones de Vida del Instituto Nacional de Estadística (INE) consolidan una realidad de que se viene observando desde hace unos años y que marcan una tendencia a empeorar, al contrario de lo que sucede con el resto de la población. En general, todas las cifras de la encuesta mejoraron levemente en 2025 respecto al año anterior. No así las de los hogares monomarentales (el 80% son mujeres) y la población alquilada, que registran cifras parecidas. Vivir de alquiler es, hoy, equivalente a ser madre soltera. Concretamente, la mitad de las familias monomarentales está en una situación de pobreza y exclusión social (tasa AROPE), esto es, el doble que la tasa para la población general y 20 puntos más que los hogares unipersonales. La tasa de pobreza se duplica también (43,4 frente al 25%), como sucede con la carencia material y severa (16,5 frente al 8,2%); y casi siete de cada diez madres solteras tiene dificultades para llegar a fin de mes (frente al 44,7% de los hogares unipersonales). Al final, estas familias viven al límite. "Tienen una capacidad de ahorro mucho menor que las familias biparentales, que son dos adultos que traen ingresos. Incluso si uno de ellos no trabaja, el otro tiene tiempo para cuidar, mientras que las monoparentales deben dedicar la mitad de su salario a ello", apunta a 20minutos Carmen Flores, presidenta de la Federación de Asociaciones de Madres Solteras (FAMS). Desde la entidad denuncian la falta de políticas sociales y de protección específicas para las dos millones de familias encabezadas por un solo adulto que hay en España. Si el 50% está en riesgo de pobreza, por tanto, significa que hay al menos un millón de hogares monoparentales en situación de vulnerabilidad. "No podemos permitir una sociedad avanzada con la economía creciendo y datos de pobreza tan elevados", denuncia Flores. La difícil situación de las familias monoparentales se ven bien en situaciones del día a día. Los datos del INE reflejan que la mitad de estos hogares (56,2%) no tiene margen para afrontar gastos imprevistos ni para irse de vacaciones al menos una semana al año (47,4%). Además, un 43,6% no pueden permitirse sustituir muebles viejos o estropeados; un 23,1% no es capaz de mantener una temperatura adecuada en el hogar y una de cada cinco (20,3%) se ha retrasado en el pago de su hipoteca, alquiler o facturas. Dos tercios de estas familias confiesa algún tipo de dificultad para llegar a fin de mes, una proporción muy superior a la media del país (45,9%). Estas dificultades son fruto de una renta familiar que apenas alcanza los 26.000 euros al año de media (25.809), prácticamente la mitad de los ingresos de que disponen los hogares con dos adultos y niños dependientes al cargo. De hecho, las personas que viven en familias monomarentales ocupan los peldaños más bajos del escalafón de la renta del país con mucha mayor frecuencia que otros hogares. Casi el 60% de quienes habitan en estos hogares disponen de una renta de menos de 15.130 euros al año. Perpetuar el círculo de la pobreza ¿Las consecuencias? Tienen que hacer peripecias para criar. Jornadas interminables o aceptar dos trabajos para poder salir adelante. "Y, al final, demandan mano de vecinos, amigos... o se quedan los hijos solos en casa con el riesgo que ello supone, incluso a que se queden enganchados a las pantallas", asegura. Y esa vulnerabilidad se acaba heredando. "Las consecuencias pueden ser bastante graves. Hay un riesgo grande de no romper el círculo de la pobreza y perpetuarla, porque mientras más pobreza hay, menos oportunidades tienen de salir de ella". Para la presidenta de FAMS, las medidas que se han adoptado hasta ahora para apoyar a estas familias no están siendo suficientes. "No llega a ser una protección que permita tener una vida estable. Al final son parches, que son bienvenidos y ayudan a las familias, pero no a salir de la pobreza, solo cubren necesidades básicas", subraya. Vivir de alquiler empuja a la pobreza Algo similar sucede con quienes residen de alquiler a precio de mercado, que son en mayor medida personas en situación de pobreza. Más de cuatro de cada diez arrendatarios están en riesgo de pobreza y exclusión social, 1,2 puntos más que el año anterior y más del doble de quienes tienen una vivienda en propiedad (19,5%). Uno de cada tres vive por debajo del umbral de la pobreza (frente al 14,5% de los propietarios) y el 17,8% sufre carencia material y social severa (solo el 5% de los propietarios enfrenta esta situación), que mide la incapacidad para cubrir determinadas necesidades básicas, como mantener la temperatura de la vivienda a una temperatura adecuada, poder irse de vacaciones al menos una semana al año o comer proteína al menos cada dos días. Además, casi el 64% tiene dificultades para llegar a fin de mes, esto es, 24 puntos más que quienes ostentan una propiedad. "Los precios de la vivienda y el encarecimiento de la vida cada vez ocupan más poder adquisitivo en la vida de las personas, y sobre todo en la de aquellas que viven en la pobreza", subraya a este periódico Ruth Caravantes, responsable de Incidencia e Investigación de la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social (EAPN-ES). Esto hace que las personas más vulnerables dediquen más de la mitad de sus ingresos solo a la vivienda y a los gastos derivados de ella (como la luz, el gas o el internet), quedando muy poco dinero restante para otras necesidades básicas, y menos para el ocio. El 46,9% de los que viven de alquiler no puede irse de vacaciones al menos una semana al año; uno de cada cuatro no puede mantener su casa a una temperatura adecuada; el 62% no puede afrontar gastos imprevistos; el 26% ha tenido retrasos en el pago del alquiler o los gastos en el último año; y el 43% no puede sustituir los muebles estropeados o viejos. "La vivienda se está convirtiendo en un factor de empobrecimiento cada vez más fuerte. Siempre ha sido un factor de gasto importante para las familias, pero el problema se está agravando mucho en los últimos años", advierte Caravantes.