Xavier Cugat, el dios de las orquestas
2026-03-24 - 12:10
Los que tenemos cierta edad nos regocijamos ante la vista de este libro porque apela en directo a nuestra infancia o juventud, cuando oíamos rumbas, congos, merengues y chachachás y veíamos en las revistas fotos de un señor repeinado dirigiendo una orquesta acompañadas de otras fotos donde se encontraba rodeado de bellas mujeres, estilo 'pinup', y perritos chiguaguas . Algún enterado decía que era español, catalán por más señas, pero a la mayoría no nos cuadraba del todo porque venía siempre de América, un país entonces en technicolor, y nada menos que de Las Vegas, una ciudad donde cantaban Frank Sinatra , Bing Crosby y Dean Martin; bailaba Carmen Miranda con una frutería encima de la cabeza, y departía con damas como Joan Crawford, Esther Williams, Rita Hayworth , siendo él el responsable de haberle cambiado el nombre a Margarita Cansinos. Qué hacía un español, por aquel entonces perteneciente a un país que se encontraba un poco fuera del mundo, no sólo triunfando en el país del technicolor, sino llevando la música, su música, que sonaba a alegría sensual hispanoamericana, a cualquier lugar del planeta y encima viviendo como un pachá de los viejos tiempos, con bellas mujeres, Rolls Royce y un mundo un tanto 'kitsch' que refulgía con el intenso brillo de las joyas falsas... Pues, en realidad, confundiendo a todo el mundo. Había sido un niño superdotado para la música (para él, era respiración, como para Mozart ), sólo que el ampurdanés tenía la oreja pegada a la música popular de los cuarenta y cincuenta, una música que después de la Segunda Guerra Mundial era un respiradero para las energías de una gente que sólo buscaba divertirse. Y Cugat se lo dio, y con creces... Por eso, salvo los que por edad sabemos de él, ha caído en el olvido de los que ofrecían espectáculo puro y nada más..., y nada menos. Este libro, una autobiografía que se nota está dictada al buen tuntún, posee sin embargo la mirada de aquel que sabe traspasar con palabras llanas la complejidad el mundo: «Nacido el primero de enero del año 1900, tengo ahora ochenta y un años, y las cosas, a esta avanzada edad, se ven de otra manera. Ahora recuerdo más que nunca los tiempos del pasado, los buenos y los malos, las alegrías y las tragedias, pero si en realidad existiera la reencarnación, yo quisiera volver a ser lo que he sido ». Es una muy buena guía para volver a sumergirnos en la magia de este hombre, en la magia que fue el technicolor para las gentes, pobres y ricos, que habitaban en este nuestro mundo. La edición es gustosa, prolija y abundante, alternando testimonios de la época con la prosa segura del que ya sabe qué fue de todo aquello: comienza con un testimonio gracioso de Frank Sinatra, al que sigue un pertinente prólogo de David Felipe Arranz y finaliza con epílogos, verdaderos retratos, de Diego Mas Trelles, Ignacio Peyró y Jordi Puntí, amén de las excelentes notas de Javier Jiménez. Dice Peyró: «Tuvo mucho éxito, mucho dinero, muchas mujeres. Nada de esto le agrió el carácter. Solía dirigir con su perrito chiguagua en una mano. No sé con qué mano sujetaba el cóctel». Pues eso...