Y llegó la astenia primaveral: ¿qué nos pasa estos días y cómo podemos reducir sus efectos?
2026-03-21 - 07:10
Dice el refranero, con esa sabiduría casi científica, que «la primavera la sangre altera». Y no le falta razón. En esta época, nuestro lado más animal —ese al que a menudo ignoramos— decide despertar de golpe con el cambio de estación, manifestándose en forma de insomnio, irritabilidad o esa pesadez que arrastramos por las esquinas. Es la famosa astenia primaveral: un estado de inflamación leve y apatía que, aunque pasajero, nos recuerda que no somos máquinas. Sin embargo, lo que muchos pasan por alto es que esta transición no solo se siente por dentro; se lee en la piel. No olvidemos que es nuestro órgano más extenso, el más expuesto y el que posee más terminaciones nerviosas. De repente, el mundo exterior impacta con más fuerza: pasamos más tiempo al aire libre, el polen decide hacer de las suyas y la radiación ultravioleta sube de intensidad sin avisar. ¿Cómo sobrevivir al influjo primaveral? Más allá de quienes conviven con alergias severas y dependen del antihistamínico de turno, hablo para quienes —como yo— simplemente notamos que el cuerpo no acompaña al buen tiempo. El primer paso, y quizás el más eficaz, está en el plato. Aunque parezca mentira, ciertos alimentos actúan como catalizadores de esa reactividad cutánea. Frutos secos, fresas, plátanos o kiwis; incluso el marisco y los embutidos muy especiados pueden ser nuestros peores aliados estas semanas. Son delicias maravillosas en cualquier otro momento, pero si tu piel es especialmente sensible, darles un breve respiro será el mejor tratamiento de belleza. Al fin y al cabo, para florecer con elegancia, a veces menos es más. Pero el cuidado no termina en el plato; continúa en el tocador y en la gestión de nuestro entorno inmediato. Si notamos la piel especialmente reactiva, debemos ser conscientes de que el aire que respiramos también la impacta. No es este el momento más oportuno para las limpiezas profundas de armarios ni para sacudir textiles que han acumulado polvo durante el invierno. Si la higiene del hogar se vuelve imperativa, elijamos la discreción de un paño húmedo y la eficacia del aspirador; cualquier gesto que evite que escobas y plumeros proyecten partículas en suspensión será un respiro directo para nuestro cutis. Cosmética, la nutrición de la piel En segundo lugar, debemos entender la cosmética como la verdadera «nutrición de la piel» durante estas semanas de inestabilidad climática. Es el momento de la prudencia: conviene archivar temporalmente los protocolos más agresivos. Los retinoles, los ácidos frutales y los peelings químicos —tan valiosos en otras estaciones— resultan ahora demasiado sensibilizantes. En su lugar, busquemos el refugio de la botánica más calmante. Activos como la Rhodiola, la Calaguala, la Manzanilla o la Ortiga se convierten en aliados estratégicos. Al incorporarlos a nuestros rituales, junto a ingredientes como la Perilla o el Helicriso, dotamos a la dermis de un efecto antihistamínico natural, devolviendo la paz allí donde la primavera ha sembrado el caos. Y, por supuesto, el paso innegociable: la protección solar. Con el sol ganando terreno cada día, la aplicación de filtros solares —si es posible, tanto por la mañana como por la tarde— deja de ser un extra para convertirse en nuestra mejor garantía de salud. La primavera es una estación de luz y renacimiento, un espectáculo que merece ser vivido con plenitud. Cuidar nuestra piel de forma específica no es solo un hábito de belleza; es la única manera de asegurar que nuestra imagen exterior esté a la altura de la vitalidad que esta estación nos invita a recuperar