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Zaid Romero: «A veces me pregunto qué sería en la vida, porque yo no tenía plan B»

2026-03-02 - 02:43

En la zona centro-oeste, cerca de la frontera con Chile y a las faldas de los Andes, Mendoza presume de naturaleza, montaña, viñedos y carne. De allí viene Zaid Romero (15 de diciembre de 1999) , uno de los fichajes invernales del Getafe, de rendimiento inmediato para el equipo de Bordalás, que esta noche visita el Santiago Bernabéu. —Además de bonita, ¿es segura Mendoza? —Todas las ciudades y todos los países del mundo tienen zonas más seguras y más inseguras. Yo me crié en un barrio de Mendoza donde la inseguridad es normal, pero eso no quiere decir que considere a Mendoza una ciudad peligrosa. Me parece una ciudad muy linda. Y lo mismo digo de Argentina. Hay países bastante más inseguros que Argentina. —La pelota siempre es un buen refugio para todo. —Esa fue mi infancia. Una pelota y un sueño: ser futbolista. Y una vida llena de los valores que me inculcaron mis padres. Lo más importante era ser buena persona. —¿En qué trabajan sus padres? —Mi padre es taxista y mi madre, cuando yo era pequeño, limpiaba casas y ejercía de peluquera, como también lo es hoy mi hermano mayor. Somos una familia humilde, y eso te marca mucho. Cuando no tienes tantas posibilidades como otros chicos, sabes que tienes que pelear el doble para alcanzar tus metas. —¿Era buen hijo? —Sí. Siempre he sido un niño, y ahora un adulto, de buen corazón. Es lo único que querían mis padres. Ellos nunca me pidieron nada más. Solo eso. Y que si quería ser futbolista, que lo intentara y que disfrutara de ese camino. Y aquí estoy, y ellos han venido por primera vez a España para verme jugar hoy en el Bernabéu. Eso me hace muy feliz. Como me pone contento cada vez que pienso en mi abuelo Domingo, que me acompaña desde el cielo. —¿Cómo se ve Argentina desde la distancia? —Yo no soy de meterme en política. Simplemente, extraño mi país y echo de menos a mi familia, a mis amigos y mis costumbres. Seguramente haya cosas que mejorar en mi país, pero si le preguntas a un argentino cómo es su país, te dirá que es el mejor del mundo. —¿Es verdad que eres un 'cocinillas'? —Sí. Me encanta cocinar y creo que se me da bastante bien. Me enseñó mi padre, sobre todo a hacer asados. —¿Cocinar o jugar al fútbol? —Eso no hay duda. Jugar al fútbol. Yo estoy loco por el fútbol desde que tengo uso de razón. Es algo que me inculcó mi familia desde chico. —¿Tenía plan B en la vida? —No, la verdad es que no tenía plan B y a veces me lo pregunto, qué hubiese sido de no ser futbolista. Seguramente hubiera sido taxista, por mi padre. Me siento afortunado y agradecido a Dios porque perfectamente podría no haber sido futbolista. — ¿Es creyente? —Mucho. Desde chico me lo inculcó mi madre. Yo tengo mucha fe y dejo todo en manos de Dios. Respeto a quien no la tiene, pero la fe forma parte de todo en la vida. También en el fútbol. Si tú juegas un partido sin creer que puedes ganar, sin fe, seguramente no ganes. En el mundo de hoy hace falta más fe. Hasta dar el salto a Europa, en 2024, tuvo un recorrido importante en su país y, también, una experiencia fuera de Argentina. —Sí. Yo empiezo a jugar en Godoy Cruz, que es un equipo de Mendoza que ahora, desgraciadamente, está en Segunda, pero es un club hermoso. Luego jugué en Liga Universitaria de Quito, que es uno de los mejores equipos de Ecuador y de Sudamérica. Allí crecí mucho y eso se notó cuando fiché por Estudiantes. Ahí se vio mi mejor versión y ganamos dos títulos: Copa Argentina y Copa de la Liga. Pero como yo siempre he tenido mentalidad ganadora, sabía que ese no era mi techo y por eso peleé para dar el salto a Europa. —Fichó por el Brujas, pero no tuvo demasiado protagonismo. —No jugué lo que pensaba que iba a jugar, pero saqué todo lo positivo de una experiencia así. Debuté en Champions, gané una Copa de Bélgica y una Supercopa, y entendí cómo era el fútbol europeo. —¿Por qué eligió el Getafe en este mercado invernal? —Hubo varias personas que me hablaron muy bien de Bordalás, que es muy exigente y eso me encanta, y del propio Getafe. Por ejemplo, Fede Fernández, que ya está retirado, fue compañero mío en Estudiantes y jugó en el Getafe. Y mis agentes también consideraban que era la mejor opción de las que teníamos. —¿Se salvarán? —Si le soy sincero, no estoy pensando en la salvación del Getafe, sino en mirar hacia arriba antes que hacia abajo. Esa es mi mentalidad, ya se lo dije antes. Soy un ganador. Claro que hay que mirar hacia abajo, está bien, pero yo prefiero mirar hacia arriba. —¿Qué defensas le gustan? —En mi infancia me fijaba mucho en Virgil. Es un animal. Ahora me gusta mucho el Cuti Romero. —Lo de Prestianni, Vinicius y taparse la boca cuando hay insultos de por medio entre futbolistas. ¿Cómo ha visto todo esto? —Son cosas que no tienen que pasar, pero no me gusta meterme en estos temas. No me toca a mí opinar. Yo me quedo con lo que soy y con lo que me educaron. Yo nunca me pongo la mano en la boca porque no tengo nada que esconder. Yo siempre he respetado al rival y nunca he tenido que esconderme de nada. Y si tengo que decirle algo a alguno, voy al vestuario y lo hago.

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